ROSAS
MARCHITAS
Para los
amores marchitos, están aquellas rosas sin amor. Así que, ¿Por qué no llevar
rosas muertas y flores marchitas a un funeral?
Cuando Camilo la vió, se enamoró de ella; pero no de su físico, se enamoró de su
alma. Se enamoró profundamente, como nunca se enamoraría de nadie.
Ambos
estaban en una prisión, pero es muy distinta una cárcel a una celda emocional;
ellos dos son y eran tan distintos que nadie jamás podría llegar a tener una
conexión tan estrecha y casi íntima con nadie. A pesar de que jamás se vieron más
que sus simples y comunes rostros sabían, y con mucha razón, que cada uno estaba
desnudo frente al otro; sus miedos, esperanzas, ilusiones y sueños eran
compartidos, eran uno solo divido en dos. Ella era tan dulce, tan tierna, tan
humana y él era un desgraciado, era tosco, salado, el defecto de la familia y
la sociedad. Se conocieron de una manera extraña; hablando de su religión, ella
era tan cristiana y él era tan él.
Después de
eso, vivieron toda una vida juntos…
A las 7:30
am de un sábado de noviembre, Vanessa se despertó en la habitación de su
apartamento, al lado izquierdo de su cama doble. Al girar su cabeza, se dio
cuenta que su esposo no estaba junto a ella, en un acto perezoso se levantó de
su cama y con tres zancadas largas y lentas llego a la puerta de su habitación
y desde allí escucho un leve tintineo entre un poco de metal y unas tazas de
porcelana. Al acercarse a la cocina encontró a Camilo tomando su
sagrado café matutino antes del desayuno, ni siquiera lo saludó, simplemente se
recostó junto al marco de la puerta de la cocina mientras inhalaba ese fuerte
y agradable aroma del café que su esposo estaba tomando.
-es una agradable mañana- dijo ella.
–todas lo
son – respondió sin cuidado Camilo.
–sí, tienes
razón. ¿Qué harás hoy? –
–bahhh, resolveré
un par de negocios – respondió el mientras terminaba su café y dejaba su
pocillo y su cuchara sin lavar en el lavaplatos como todas las mañanas para que
aquel Vanessa se ocupara de ello. Acto seguido le dio un beso en la mejilla a su esposa, entonces salió de su casa sin arreglarse y con la misma ropa del día anterior, ya que,
pensaba que nos vamos tal y como llegamos así que no hay necesidad de vestirnos
distinto para el día de nuestra muerte; esa fue la última vez que Vanessa vio a con
vida a su esposo. Ese mismo día aquella mujer se quedó en su casa viendo
un poco de televisión y leyendo un par de revistas sin saber que en pocas horas
recibiría una llamada de la policía diciendo que esposo había muerto ese mismo día
por dos disparos en su abdomen producto de un ajuste de cuentas; ella había esperado
tanto tiempo esa llamada que ese día simplemente no la esperaba.
Después de terminada esa llamada miro hacia su ventana, era un día bastante caluroso así que, tomo todas sus flores, en especial las rosas y las saco de sus floreros para ponerlas al sol. Seguido de esto, miro hacia el infinito y se dio cuenta que desde ese día en adelante seria para siempre viuda, su media naranja se había podrido y tendría que seguir sola. Ella no derramo una sola lagrima por él, no sintió la necesidad y mientras que estaba en su tiempo de ¨luto¨ fue a la peluquería y se cortó el cabello un poco más arriba de los hombros ya que, vio como un insulto llegar al velorio de su difunto esposo con el cabello largo. Mientras escuchaba la tijera cortando y dividiendo sus bellísimas canas solo pensaba en cuanto tiempo había sido feliz sin ser feliz, de cómo había vivido un amor sin amor, de que ellos dos ya no se amaban.
No se amaban no porque pelearan mucho, porque la situación era difícil. NO, ellos ya no se amaban porque no peleaban, porque su relación era muy monótona, su situación; muy sencilla. Simplemente, su amor se había extinguido y eso la llenaba de remordimiento pero, ¿ya que podía hacer? Sin darse cuenta el peluquero había terminado su trabajo, ella pagó lo que debía pagar por el trabajo hecho. Acto seguido y por medio de ciertos contactos y toda una vida de experiencia se compró un revolver y seis balas. Hecho esto, volvió a su casa; al ver su reloj se dio cuenta que eran más de las 10:00 pm estaba cansada y se acostó en su cama recién desocupada. El aroma de Camilo seguía impreso en las sabanas, el velorio seria el día siguiente a las 11:00 am aproximadamente así que solo tenía que dormir. Sabía que tendría insomnio por lo tanto tomó sus pastillas para dormir y durmió hasta las 6:00 am.
Ese día no tendría pereza así que, fue a la cocina y se sirvió un desayuno simple estaba bastante deprimida así que ni siquiera probó su comida, busco sus flores, las que había dejado en la ventana, se bañó y se dirigió a su closet totalmente desnuda; se vistió con la ropa más oscura que encontró y busco su bolso negro. En el guardo todo lo que necesitaba incluyendo su revolver nuevo con sus balas puestas, tomo su ramo de flores muertas y hecho una última mirada a su apartamento para ver que se le olvidaba, al no encontrar nada. Fue al velorio del hombre que en vida era su esposo, al salir a la calle pidió un taxi y llego en 45 min. Pagó la carrera, entró al sitio funerario y vió su reloj, eran las 10:00 am le indicaron que estaría en el salón seis, al entrar en el mencionado lugar se encontró con varios de los amigos de Camilo, familiares, conocidos etc. al ver que Vanessa había entrado, todos se levantaron se sus asientos, la abrazaron y le dieron sus más sentidos pésames ella los recibió con toda la amabilidad que se puede imaginar cuando termino eso eran las 10:30. El cajón con el cadáver de Camilo estaba en la mitad del salón. Ella se dirigió a él y lo vio, estaba pálido, tenía los ojos cerrados y sus labios quebrados, se podría decir que tenía el ánimo de un cadáver…
Ella se entristeció profundamente al verlo ahí y saco su revolver recién comprado. Lo cargo y apunto hacia el cadáver y le grito "¡¡maldito, ¿Por qué no me amaste con fervor!!" Y le descargó dos disparos en el pecho. El vestido del hombre se agujereo y no derramo una sola gota de sangre de su frio, herido y drenado cuerpo; los demás presentes estaban horrorizados y salieron de la salón seis gritando de horror y temiendo por sus vidas, Vanessa no los volteó a mirar, seguía observando el cadáver con lágrimas deslizándose por sus mejillas y le gritaba ¡¡¿Por qué dejaste que te asesinara otro? ESO DEBIA HACERLO YO!!! Y dejo caer sus rosas marchitas al suelo mientras le propinaba otros dos disparos, esta vez en el cuello y un fluido negro se derramo por uno de esos agujeros de bala. Le seguía gritando ¡¡MALDITO IMBECIL, MALPARIDO, DESGRACIADO, HIJO DE PUTA, AHORA ME OBLIGAS A VIVIR INFELIZ, IGUAL QUE TODOS ESTOS AÑOS DESDE QUE NOS VOLVIMOS RUTINA!! Y le dio un disparo en la frente, luego, ya en susurros para ella se dijo a sí misma. –no importa, yo te acompañare- dicho esto apunto el revolver a su propia cabeza y disparo su ultimo tiro…
Apenas la
bala entró en su cráneo se despertó en su cama, bañada en sudor por el mal
sueño y al ver al lado derecho de su cama, la encontró vacía y escuchaba
sonidos en su cocina, esta vez no eran leves tintineos. Al acercarse a la
cocina encontró a Camilo haciendo el desayuno y mientras que el seguía
con sus preparaciones sintió la presencia de Vanessa en la cocina y sin girarse
le dijo: -buenos días, mi cielo- ella se extrañó y se dio cuenta que en el
lavaplatos no estaba el pocillo y la cuchara, ese día no había tomado su café diario
entonces ella se dió cuenta de que esa mañana sería diferente y desde ese día
en adelante todas lo serian. Salió de la
cocina, cambió el agua de todos los
floreros de su casa y regó todas las flores de su jardín. No quería que sus
flores se murieran o se marchitaran, en especial las rosas, que para ella
significan amor. Terminado esto, una idea cruzó su cabeza: ¨Seguro el habrá soñado
lo mismo o al menos, algo parecido¨ pero eso nunca lo confirmaría pues no estaba
dispuesta a preguntarle, solo le pregunto el día y el sin distraerse de lo que él
hacía le dijo: -es sábado de noviembre, mi vida-.
FIN.
