sábado, 21 de junio de 2014

WOLLEN DIE

WOLLEN DIE (QUIERO MORIR)
-Imagino que si las personas no tuvieran problemas la vida seria una porquería, imagino que si todas las personas pudieran amar la vida sería una porquería, imagino que si la vida no fuera una porquería yo seguiría viva- eran las únicas frases que estaban escritas en el epitafio de la tumba de Nicole. Pero, ¿Cómo murió? …
Unos días antes de morir Nicole tenía una buena vida, amigos por doquier y sobre todo era feliz, nunca había olvidado sus amigos de la infancia los recordaba todos desde Andrés hasta Xavier recordaba hasta a Miguel, quien estaba recluido en un manicomio; lo visitaba todos los fines de semana exactamente los sábados; de 8:00 am a 1:00 pm ella era la única familia que le quedaba a miguel, sus amigos lo habían abandonado y era huérfano después de los 15años.
Era esquizofrénico y un poco bipolar, antes de estar en el manicomio llegó a trabajar en un teatro en el que era el que encargado del telón, allí había aprendido todo tipo de gestos, actuaciones y   actitudes sin contar la infinidad de nudos para las sogas. Su teatro quedaba por la 5ª avenida giro a la derecha un par de veces luego a la izquierda, unas cuadras más y allí estaba ¨EL GRAN DRAMA¨ era el nombre del teatro, allí miguel era feliz.
Después sus padres fallecieron en un accidente de auto; una noche de lluvias terrible para conducir por una carretera vacía. En ese momento Miguel estaba en el teatro y sus padres haciendo un  pequeño viaje de fin de semana, a mitad del camino hubo un deslizamiento de tierra frente a el auto de los padres de Miguel, don Joaquín apenas pudo reaccionar; las llantas del auto se deslizaron 15 o 20 metros y al dia siguiente encontraron el auto totalmente destruido al final de un precipicio de unos 50-70 metros. Eso acabo con la vida de don Joaquín y de doña Sara y al mismo tiempo la de Miguel. Aquel muchacho no volvió al teatro, salía a las calles semidesnudo y gritando hasta quedarse totalmente afónico y a pesar que no era un riesgo para la sociedad el alcalde local de ese pequeño pueblo lo interno por su cuenta en un manicomio -por el bien de miguel- decía el a fin de cuentas tendría razón…
A Nicole no le importaba lo que dijeran de él, le caia bien y eso era lo que importaba cuando lo iba a visitar lo sacaba del manicomio por unas horas a caminar, y luego volvían, esperaban verse el mismo dia de la siguiente semana. Miguel la pasaba de maravilla con Nicole aun así le fastidiaba todos los buenos tratos que ella le daba era una sensación que ni el mismo entendió jamás, primero esa sensación se representó en una incomodidad que Miguel nunca demostró, luego en una idea y finalmente  en un sentimiento: ODIO.
En una de sus salidas de fin de semana Miguel la llevo hasta las afueras de la ciudad encontraron una casa abandonada y allí entraron.
Al entrar se miraron fijamente Nicole tenía unos lindos ojos azules y miguel unos asquerosos ojos oscuros después de un rato de ese momento tan sentimental para ambos Nicole le dijo en voz alta a Miguel:–TE AMO- el dio un suspiro; metió su mano en su bolsillo derecho de su jean barato y saco una carta que se la entrego y ella al recibir la carta rozo con su dedo índice la mano de Miguel el sintió como ella estaba fría, tenía el mismo calor de un cadáver y eso lo asusto enseguida un escalofrio recorrió todo su cuerpo y espero a que ella terminara de leer su carta que decía algo así:
 Querida Nicole: te agradezco todo lo que has hecho por mí es grato saber que tengo una amiga en el mundo pero te odio, te odio porque no me dejaste morir, te odio porque me escuchas, te odio porque te importo, te odio porque me importas, te odio porque te amo y te odio porque no me diste la oportunidad de odiar a nadie más, te odio porque me enseñaste el valor de la vida de la amistad y todas esas maricadas tal vez estas sean las últimas palabras que leas así que te daré la oportunidad de escribir tu propio epitafio.
Una lagrima fría se deslizaba por la mejilla de Nicole al levantar la mirada vio a miguel con una navaja en su mano derecha y en la izquierda sosteniendo una hoja en blanco y un lápiz entonces en ese momento él le entrego la hoja y el lápiz, ella los recibió con el mismo amor que una madre recibe a su recién nacido. En ella escribió: -Imagino que si las personas no tuvieran problemas la vida sería una porquería, imagino que si todas las personas pudieran amar la vida sería una porquería, imagino que si la vida no fuera una porquería yo seguiría viva-. Después de esto dejo caer todo al piso y cerró los ojos las primeras cinco puñaladas las sintió frías y suaves como con amor, pero sabiendo que eran enviadas por el más profundo odio.
Perdió la cuenta después de la octava puñalada y ella murió entre las 12 y las 15 de ellas Miguel lloraba pero no se detenía; al menos no hasta que se cansara, al terminar se vio cubierto de sangre y entro en pánico llamo a la policía y le explico en donde estaban, quien era, que había hecho, a quien había matado y explico lo de su epitafio.
Después de eso espero unos cuantos minutos y al escuchar las sirenas policiacas salió al lado contrario en donde estaba la policía y corrió aun cuando ya había anochecido, llovía con una fuerza torrencial dispuesta a ahogarlo por su crimen; tan atroz a alguien tan dulce. Corrió hasta llegar a ¨el gran drama¨ allí entro a pesar que estaban en plena función corrió hasta la última parte del teatro en donde nadie podía verlo. Tomo una hoja en blanco y escribió su propio epitafio luego hizo uno de sus más eficaces nudos, y se colgó dejando caer la hoja de sus manos.
Una hora después un encargado lo encontró y aviso a la policía. A Nicole todos la extrañaban y se condolían por su desgracia, en cambio a miguel nadie lo añoro ni  lo extraño,  él era un don nadie en este mundo una semana después en el cementerio local aparecía la tumba de Nicole diciendo:    
-Imagino que si las personas no tuvieran problemas la vida sería una porquería, imagino que si todas las personas pudieran amar la vida sería una porquería, imagino que si la vida no fuera una porquería yo seguiría viva-. Y después de esto sus datos y a su lado a unos dos metros otra tumba diciendo:
Miguel Batista, seguido de el epitafio elegido por el:- un don nadie del mundo real que era parte del montón-.

FIN

WARUM?

WARUM? (¿Por qué?)

Ella lo era todo para mí; su sonrisa enamoraba, su mirada daba insomnio. La quería solo para mí, tenía que ser solo mía. Ahora ella ya no está conmigo, pero, siempre será mía. Aún recuerdo la primera vez que la vi; para ese tiempo yo tenía una vida, algo digno, respetable y ella fue mi maldición; ni las drogas que consumía me habían hecho tanto daño como ella a  mí. Quería llegar a tener una relación con ella, a sus anteriores parejas las elimine, su rastro se perdió y a ellos el olvido se los llevo. Ella no era para mí y yo lo sabía, pero me negaba a aceptarlo. Lo intente todo, aun así ella me rechazaba, es increíble las locuras que se pueden hacer por amor, la hice solo mía, la asesine. Entonces su mirada, sus labios, su cabello serian para siempre míos, pero, nunca su afecto. La asesine porque la amaba, la asesine porque la odiaba, y la asesine porque la necesitaba. Ahora me estoy pudriendo en esta maldita cárcel y no lo entiendo. ¿Acaso es un crimen amar?, ¿acaso es un crimen necesitar a alguien? A pesar de todo podría decir que valió la pena…

FIN.

LA HOJA DORADA

LA HOJA DORADA 

Cierto día de marzo, un 19 para ser exacto estaba en un parque no muy lejano de mi casa. No recuerdo exactamente cuánto tiempo estuve allí, solo recuerdo que estaba caminando con las manos en los bolsillos;  ese día  tenía una camisa azul oscura y unos jeans negros, unos zapatos oscuros y mi imaginación muy lejos de aquí, apenas y me fijaba por el camino o sendero en el que iba. Tenía precaución de no tropezar con nada o con nadie, también recuerdo que estaba solo, no tenía dinero y estaba un poco desanimado y muy desconcentrado.

De repente encontré en el camino una hoja pero no era una hoja igual a las demás. Esta era diferente, demasiado diferente. Para ser franco esa hoja parecía brillar y no era de ese naranja o amarillo quemado, color que suelen tener las hojas secas, esta hoja era dorada como el oro y radiante como el sol, me sorprendí demasiado ya que cosas como esa no se encuentran todos los día. Al final opte por recogerla, a pesar de su color esa hoja era helada como el hielo y ligera como una pluma mire a mis alrededores con aquella hoja en mi mano buscando el árbol de donde venía. En conclusión, no encontré dicho árbol y seguí caminando solamente observando aquella hoja, ahora toda mi concentración estaba puesta sobre esa maldita hoja, aquel objeto que me llevaría a mi fin

Todo se hubiera podido prevenir si simplemente el despertador hubiera sonado a la hora acordada me hubiera podido levantar más temprano, de este modo hubiera logrado llegar a tiempo a la cita que me había propuesto mi novia. Si simplemente hubiera llegado a esa hora ella no me habria terminado por mi incompetencia  y si no hubiera sido por eso no estaría melancólico y deprimido caminando por un parque sin alguna ruta o rumbo fijo sino con la simple excusa de ¨Salir a dar una vuelta¨ así que, si mi despertador no se hubiera desprogramado y mi novia no me hubiera terminado, yo no estaría melancólico y triste, lo que hubiera conllevado a no haber encontrado esa maldita hoja. Bueno, en fin, tome la hoja y me dirigí hacia mi casa solo pensaba en esa hoja extraña. No había visto o escuchado sobre alguna otra hoja igual. Al llegar la deje sobre una mesa y apenas la descargue sobre el mueble, la hoja cambió de color; ahora era plateada. Yo quede anonadado. Simplemente la hoja toco aquel vidrio y se volvió plateada, en seguida llame a un amigo y le conté sobre aquella extraña hoja y lógicamente no me creyó así que le dije que viniera. En 15 minutos llegó a mi casa y antes de saludarnos le señale la hoja sobre la mesa, él dirigió su mirada hacia aquel lado y no vio nada, levante la hoja y la puse sobre la palma de mi mano. Él me dijo que no veía nada y que si se trataba de una broma que me detuviera y que no le hiciera perder tiempo y se fue sin decir nada más, apenas salió yo creí que estaba alucinando así que me dirigí a la cocina me lave la cara y tome uno dos vasos de agua luego mire la hoja y seguía ahí, para ese punto solo pensaba en que me había vuelto loco.


En fin, por algún motivo, razón o circunstancia las demás personas no la veían, era extraño no solo el hecho de una hoja dorada que cambia de color sino el que las demás personas no pudieran verla. No me rendí, salí a la calle buscando a alguien que pudiera verla tan claramente como yo, con una persona que encontrara era suficiente. Yo llevaba la hoja en la mano y a cada persona que se me atravesaba o veía le preguntaba "¿Qué tengo en la mano?" ó "mire esta hermosa hoja", era una pregunta y una frase estúpida pero si en las películas funcionaba ¿por qué en mi vida no? Ese día no encontré a nadie que pudiera verla y todos me tomaban por loco sencillamente porque lo que yo estaba haciendo no era digno de alguien normal pero así es la naturaleza humana; cuando no entienden o no comprenden algo o a alguien lo desechan y lo tildan de loco, no es rareza ni anomalía, es naturaleza humana.

Me encaminé hacia una estación de policía y les hice la misma pregunta -¿Qué tengo en la mano?- ellos me miraron con una expresión con la que claramente me manifestaban que estaba loco, no les dije nada más. Me sentí humillado y seguí mi camino. Estaba ofuscado, me senté a descansar en el pasto de un parque cercano, deje la hoja en el pasto por unos segundos y apenas la hoja toco el césped cambio de color y se volvió morada. Ahora entendía un poco más, es decir, cada vez que la hoja tocaba algo inmóvil cambiaba de color, entonces dentro de mi surgió una pregunta: si nadie más la había tocado aparte de mi, ¿será que solo yo puedo tocarla sin que cambie de color o será igual con el resto de personas? Me levante de allí dispuesto a resolver mi pregunta, la primera persona que pasó frente a mí fue una mujer embarazada la toque con la hoja sin que se diera cuenta y efectivamente cambio de color, ahora era blanca como las nubes y seguía siendo helada como el hielo la deje caer y al tocar el asfalto cambio de color y volvió a ser dorada. Cerca mío pasó una mujer con su hija, una niña de tal vez 5 o 6 años, era bonita, cachetona y bien parecida. Tenía el pelo hasta el hombro y una camisa rosada, un pantalón rojo y sus zapatos también eran rojos llevaba una muñeca en el brazo derecho y con su mano izquierda iba agarrada de la mano de su madre –que bonita hoja– luego se dirigió a su madre y le dijo –mira mami esa hoja que tiene ese niño- solo pensé en dos cosas: la primera fue que yo no era necesariamente un niño, pues ya tenía 19 y la otra cosa fue que me sorprendió mucho que aquella niña la pudiera ver había buscado toda la mañana  y no encontré a nadie y en el momento que menos esperaba ella me encontró a mí me quede pasmado entre tonto y estúpido mientras tanto la mujer siguió su camino con su hija, las busque a ambas pero parecía que hubiesen desaparecido se notaba a leguas que su madre no le había creído o  no la había visto, aun así seguí  buscando y acarreando todos los problemas que vendrían por el simple hecho de buscar a esa niña. Al final del día estaba cansado y no la encontré, me devolví a mi casa y al llegar deje la hoja en la mesita de noche de mi cuarto. No me fije en que color había cambiado simplemente me acosté a dormir sin pensar que esa sería la última vez que dormiría tranquilo y paradójicamente dormí como nunca.

Al día siguiente me levanté, desayune y me bañe. Estaba completamente listo para hacer lo mismo de siempre: nada. Era domingo, ¿que podía hacer? apenas estuve listo me senté a ver televisión como media hora, cuando termine de ver televisión eran las 8:30 am así que fui a buscar mi hoja, me traslade hacia mi cuarto y encontré la hoja precisamente donde la había dejado, me refiero a mi mesita de noche. La hoja ahora era azul, salí de mi casa a hacer lo mismo que el día anterior y buscar a alguien que la viera igual o mejor que yo.  Le preguntaba a todas las personas que veía  y todos me decían igual que yo estaba loco simplemente porque ellos no la veían, eso no me importaba, como dije, es la naturaleza humana. Fue entonces cuando algún inculto ignorante o persona problemática llamo a la policía y a un manicomio. Yo me había situado en un lugar concurrido y le preguntaba a todos los individuos a mi alrededor, despues de siete minutos de hecha la llamada llegó la policía y unos enfermeros, supe que venían por mí, eso me disgustó no porque vinieran por mi sino por lo rápido que llegaron comparando con una ambulancia. Es decir, que le dan más prioridad a un supuesto loco que a un enfermo o una persona en su lecho de muerte así que salí corriendo sin algún rumbo fijo, en seguida ellos me comenzaron a perseguir así que seguí corriendo escapando de ellos.

Tenía la hoja en mi mano y corría todo lo que podía, me aterraban los manicomios, crucé varias calles, me atravesé entre los autos, empujé a varias personas y al fin y al cabo me atraparon y me pusieron un saco de fuerza. Tenía la hoja en mi mano todavia, apenas me terminaron de poner el saco saque fuerzas de donde no tenía y salí corriendo. Esa fue una escena bastante rara; dos agentes de policía y dos enfermeros  psiquiátricos persiguiendo a un supuesto enfermo mental que tenía puesto un saco de fuerza y corría todo lo que podía, después de algunas cuadras me atraparon y en ese momento recordé aquella frase de Edgar Allan Poe "cuando un loco parece completamente sensato, es ya el momento de ponerle la camisa de fuerza" después me pusieron un sedante y me desmayé en mitad de la calle. Aún recuerdo la mirada de todos esos transeúntes que pasaban, sentían miedo y curiosidad, después de que me sedaran desperté en una habitación donde solo había un cama, un escritorio, una ventana con reja,  una puerta y una silla. Sobre esa silla, un hombre.
El nombre de aquel hombre sobre la silla junto al escritorio era Frank Callejo. Era el psicólogo principal del manicomio y me estuvo interrogando todo el día. Me preguntó casi siempre las mismas cosas pero en diferente orden y siempre llegaban a lo mismo, yo siempre le respondía con la verdad y no me creyó, al final me tomo por loco o enfermo mental.


Ya no he vuelto a ver aquella hoja desde aquel día que me atraparon, recuerdo que la tenía en la mano y cuando desperté frente al doctor tenía la misma ropa y el saco de fuerza, es decir, solo me habían transportado desde la calle al consultorio del Doctor Frank. Me quitaron el saco en determinado momento y no tenía la hoja en mi mano, después de una semana en el manicomio intenté escapar y tuve que asesinar a dos personas: al enfermero de turno y al celador. Los apuñale con un cuchillo que robé de los comedores. Intenté escapar porque era un tormento las inyecciones diarias e insultos por parte de todos, además que es insoportable convivir con este tipo de personas. Era el mismo infierno y no estaba dispuesto a soportar eso.

Logré escapar y a los dos días me atrapó la policía, creí que volvería al manicomio pero me imputaron un doble crimen de asesinato y ahora estoy en una vil prisión. Ya llevo un mes aquí y honestamente prefiero el manicomio, escuche que mañana es mi juicio, no entiendo lo que es juicio ya me encerraron en esta celda por tiempo que me deprime mencionar. Tal vez por juicio se refieren a que me imputaran otros cargos o que me daran la pena de muerte, la verdad no lo sé, en esta situacion es totalmente imposible ser positivo y pensar que todo esto pasó por aquella maldita hoja. Maldigo aquel parque, maldigo aquel 19 de marzo, me maldigo a mí mismo y maldigo el momento en que encontré aquella hoja que al final simplemente desapareció. Tal vez nunca existió. Tal vez si estoy loco. Tal vez.

Aunque honestamente nunca la vi…

Fin

CLASE NUMERO DOS

CLASE NUMERO DOS

 -Estúpido profesor, estúpido profesor- era la única frase en la que pensaba Camilo en su clase de ética y religión, al fin y al cabo, tendría un poco de razón; encerrado en un salón con cuatro paredes, un techo y un piso sucio con otros treinta jóvenes de su edad. Era realmente estresante estar en un salón así, con una ventana que solo dejaba ver los salones de la derecha y una puerta que rechinaba estruendosamente cada vez que se intentaba abrir. Unas paredes manchadas, puestos rayados y tachonado y el profesor; el típico profesor de química, matemáticas o cualquier materia realmente aburrida con sus zapatos de charol brillantes, sus medias que le llegan tal vez a 5 o 6 centímetros arriba del tobillo, su pantalón de bota recta, su cinturón de cuero, una camisa azul con líneas blancas y una corbata negra con azul, el saco gris oscuro de tal vez una o dos tallas más grande con líneas grises claras, además de su sonrisa tonta en donde resaltan los dos dientes superiores que lo hacen parecer un conejo, sus ojos cubiertos por unos lentes de contacto que hacen que se pierda el brillo de sus ojos, su cabello corto en dirección hacia su oreja derecha y su rostro con unas pecas que resaltan sus grasosos y flacidos pómulos. Otra cosa era su voz grave y molesta que busca imponer su propia ley por cualquier lado por el que pasa. Era alguien realmente insoportable.

 Su nombre era Fabián Mendoza y cuando se presentó lo hizo de esta manera: -buenos días jóvenes, yo soy educador juvenil en ética, religión y ciencias políticas; soy el profesor Fabián Ernesto Mendoza Sambrano, tengo 26 años y estoy estudiando Derecho en la Universidad Nacional- hasta ese momento dejaba a todos los presentes impresionados. Lo que nadie sabía era sobre cómo era la otra cara de la moneda; en realidad este sujeto era un fracasado, estudio la carrera más barata que encontró y al no poder trabajar en una empresa importante decidió ser educador. Vivía con su madre, prácticamente ella lo mantenía. Doña Flor trabajaba tiempo completo para mantener su hogar pues su hijo solo ganaba un mínimo y no hacía nada, simplemente llegaba a su casa y se recostaba en el sofá a ver televisión y allí duraba tardes enteras. Mientras tanto su madre se partía la espalda trabajando como una mula, literalmente, para mantener a su fracasado hijo y el empleo de aquella luchadora mujer no vale la pena describir, ya que ella era semianalfabeta y no hay muchos empleos para personas como ella. 

En fin, volviendo al salón –estúpido profesor- era lo único que rondaba en la cabeza de Camilo faltando 15 minutos para que se acabara esa clase y al fin pudiera salir a su descanso, Camilo duro viendo el reloj de pared durante 10 minutos sin pensar nada más en lo intolerante y a la vez insoportable que era su profesor. –Jóvenes -dijo al fin su docente en voz alta- Entréguenme la tarea que les deje el día de ayer y el trabajo de hoy–. Hubo un espacio de silencio entre el profesor y los alumnos y de repente todos los estudiantes comenzaron a reprochar la orden del profesor con cosas como la tarea estaba muy larga, ayer no vine, faltan cinco minutos para salir y cosas por el estilo. El maestro se puso de pie y con el mismo tono de voz de antes les dijo: - los que no la quieran entregar fácil, pierdan el periodo y ya. Los que la vayan a entregar me hacen una fila a mi lado izquierdo, el resto puede salir- quince segundos después todo el salón estaba en una fila a la izquierda del profesor, unos con cuaderno en mano y otros con la excusa medica correspondiente. 

Después de 10 minutos de acabada la clase todo el salón ya estaba en el recreo, este tiempo era el tormento de Camilo. Todo comenzó la primera semana de clases. Sus compañeros de salón le vieron cara de bobo y lo golpeaban, lo humillaban y sus profesores en vez de apoyarlo o defenderlo lo veían como un estorbo y estaban totalmente seguros de que Camilo nunca tendría futuro. Camilo vivía con su padre pues su madre había muerto al momento de dar a luz así que su padre siempre lo culpó de todas las cosas que pasaban en la casa, de las deudas de la familia, de su bajo rendimiento escolar, de la muerte de su esposa, del trabajo que tenía, de los problemas sociales, económicos y laborales que el sufría y un millar de cosas más. Camilo sufría bastante por estas cosas y casi siempre estaba de mal humor; él era un muchacho bastante delgado se podría decir que se parecía más a un pitillo que a un adolescente, era pálido, tenía el cabello corto, los ojos pequeños de tanto llorar y unas horribles ojeras por no dormir, además de eso pesaba menos de lo normal. No era para nada musculoso, era un poco tonto, torpe y lento en muchas cosas, todo esto debido a los rechazos y desprecios de los que por tantos años habia sido victima. Él le caía mal a 29 compañeros de clase, el otro, era él. 

Al salir al recreo Camilo no tenía esperanzas de que ese día fuera diferente a los demás, ya conocía la rutina de memoria: salía de clase, afuera junto a la puerta recostado contra la pared lo esperaba Alex; el fortachón del 7b junto con otros dos perdedores obviamente amigos de él, apenas Alex lo distinguía se le acercaba y le pedía el dinero de su comida. Si no se lo daba lo golpeaban entre los tres y le robaban el dinero de todas formas, si no traía lo golpeaban y en las pocas pero repetidas veces en las que camilo le entrego su dinero a Alex sin problema, Alex por su parte lo humillaba y lo excluía de todo, ante esta situación Camilo reiteradas veces se quejaba con los profesores y ellos le contestaban: Sus problemas los resuelven ustedes solos, yo no tengo porque meterme en sus asuntos. Esta respuesta decepcionaba a Camilo. Así que aparte de las discusiones con sus maestros, sus encuentros con Alex y la exclusión de cualquier grupo, los cuales no lo dejaban jugar nada que estuviera relacionado con ellos así que no tenía otra opción más que quedarse solo todos los descansos. 

Esta situación lo fastidiaba y lo hacía sentir mal. Nadie en su familia su colegio o su barrio conocía sus sentimientos y emociones, él solo pensaba en morir, deseaba morir para acabar de una vez por todas todos esos tormentos. Él imaginaba quien más estaría pasando por su misma situación. Le pedía perdón a Dios por lo que iba a hacer a final del día, Camilo espero las 6 horas restantes entre unos profesores peores otros no tan buenos, en fin a las 3:00 pm, se dirigía hacia su casa que quedaba a pocas cuadras de su colegio, caminaba a pasos cortos y lentos; buscaba razones y reflexionaba respecto a lo que haría al llegar a su casa llego a su barrio ahí recordó todo lo que le había sucedido.

Para entrar a su casa lo hizo despacio y en silencio, al observar la sala se logró dar cuenta que su padre estaba dormido en el sofá totalmente borracho, no tenía puesto el uniforme de policía y tenía unos bóxer negros con una camiseta blanca, tenía la boca abierta y babeaba demasiado. En la mesa de centro tenía 6 botellas de alcohol vacías y otra a la mitad, su arma, unos billetes, sus documentos y algunas colillas de cigarrillo. Camilo no le presto mucha atención a todo eso, en cambio se dirigió a su cuarto, tiro su maleta sobre su cama fue a la sala y cogió una de las cosas de su padre al instante regresó a su cuarto, se sentó sobre su cama. Sujetó firmemente la pertenencia de su padre, se la metió en la boca con su mano empapada de sudor y algunas lágrimas que rodaban por su mejilla posteriormente tiro del gatillo, se escuchó un disparo, su padre se despierta conmocionado y se da cuenta que su revolver no está sobre la mesa.  

FIN.