sábado, 21 de junio de 2014

LA HOJA DORADA

LA HOJA DORADA 

Cierto día de marzo, un 19 para ser exacto estaba en un parque no muy lejano de mi casa. No recuerdo exactamente cuánto tiempo estuve allí, solo recuerdo que estaba caminando con las manos en los bolsillos;  ese día  tenía una camisa azul oscura y unos jeans negros, unos zapatos oscuros y mi imaginación muy lejos de aquí, apenas y me fijaba por el camino o sendero en el que iba. Tenía precaución de no tropezar con nada o con nadie, también recuerdo que estaba solo, no tenía dinero y estaba un poco desanimado y muy desconcentrado.

De repente encontré en el camino una hoja pero no era una hoja igual a las demás. Esta era diferente, demasiado diferente. Para ser franco esa hoja parecía brillar y no era de ese naranja o amarillo quemado, color que suelen tener las hojas secas, esta hoja era dorada como el oro y radiante como el sol, me sorprendí demasiado ya que cosas como esa no se encuentran todos los día. Al final opte por recogerla, a pesar de su color esa hoja era helada como el hielo y ligera como una pluma mire a mis alrededores con aquella hoja en mi mano buscando el árbol de donde venía. En conclusión, no encontré dicho árbol y seguí caminando solamente observando aquella hoja, ahora toda mi concentración estaba puesta sobre esa maldita hoja, aquel objeto que me llevaría a mi fin

Todo se hubiera podido prevenir si simplemente el despertador hubiera sonado a la hora acordada me hubiera podido levantar más temprano, de este modo hubiera logrado llegar a tiempo a la cita que me había propuesto mi novia. Si simplemente hubiera llegado a esa hora ella no me habria terminado por mi incompetencia  y si no hubiera sido por eso no estaría melancólico y deprimido caminando por un parque sin alguna ruta o rumbo fijo sino con la simple excusa de ¨Salir a dar una vuelta¨ así que, si mi despertador no se hubiera desprogramado y mi novia no me hubiera terminado, yo no estaría melancólico y triste, lo que hubiera conllevado a no haber encontrado esa maldita hoja. Bueno, en fin, tome la hoja y me dirigí hacia mi casa solo pensaba en esa hoja extraña. No había visto o escuchado sobre alguna otra hoja igual. Al llegar la deje sobre una mesa y apenas la descargue sobre el mueble, la hoja cambió de color; ahora era plateada. Yo quede anonadado. Simplemente la hoja toco aquel vidrio y se volvió plateada, en seguida llame a un amigo y le conté sobre aquella extraña hoja y lógicamente no me creyó así que le dije que viniera. En 15 minutos llegó a mi casa y antes de saludarnos le señale la hoja sobre la mesa, él dirigió su mirada hacia aquel lado y no vio nada, levante la hoja y la puse sobre la palma de mi mano. Él me dijo que no veía nada y que si se trataba de una broma que me detuviera y que no le hiciera perder tiempo y se fue sin decir nada más, apenas salió yo creí que estaba alucinando así que me dirigí a la cocina me lave la cara y tome uno dos vasos de agua luego mire la hoja y seguía ahí, para ese punto solo pensaba en que me había vuelto loco.


En fin, por algún motivo, razón o circunstancia las demás personas no la veían, era extraño no solo el hecho de una hoja dorada que cambia de color sino el que las demás personas no pudieran verla. No me rendí, salí a la calle buscando a alguien que pudiera verla tan claramente como yo, con una persona que encontrara era suficiente. Yo llevaba la hoja en la mano y a cada persona que se me atravesaba o veía le preguntaba "¿Qué tengo en la mano?" ó "mire esta hermosa hoja", era una pregunta y una frase estúpida pero si en las películas funcionaba ¿por qué en mi vida no? Ese día no encontré a nadie que pudiera verla y todos me tomaban por loco sencillamente porque lo que yo estaba haciendo no era digno de alguien normal pero así es la naturaleza humana; cuando no entienden o no comprenden algo o a alguien lo desechan y lo tildan de loco, no es rareza ni anomalía, es naturaleza humana.

Me encaminé hacia una estación de policía y les hice la misma pregunta -¿Qué tengo en la mano?- ellos me miraron con una expresión con la que claramente me manifestaban que estaba loco, no les dije nada más. Me sentí humillado y seguí mi camino. Estaba ofuscado, me senté a descansar en el pasto de un parque cercano, deje la hoja en el pasto por unos segundos y apenas la hoja toco el césped cambio de color y se volvió morada. Ahora entendía un poco más, es decir, cada vez que la hoja tocaba algo inmóvil cambiaba de color, entonces dentro de mi surgió una pregunta: si nadie más la había tocado aparte de mi, ¿será que solo yo puedo tocarla sin que cambie de color o será igual con el resto de personas? Me levante de allí dispuesto a resolver mi pregunta, la primera persona que pasó frente a mí fue una mujer embarazada la toque con la hoja sin que se diera cuenta y efectivamente cambio de color, ahora era blanca como las nubes y seguía siendo helada como el hielo la deje caer y al tocar el asfalto cambio de color y volvió a ser dorada. Cerca mío pasó una mujer con su hija, una niña de tal vez 5 o 6 años, era bonita, cachetona y bien parecida. Tenía el pelo hasta el hombro y una camisa rosada, un pantalón rojo y sus zapatos también eran rojos llevaba una muñeca en el brazo derecho y con su mano izquierda iba agarrada de la mano de su madre –que bonita hoja– luego se dirigió a su madre y le dijo –mira mami esa hoja que tiene ese niño- solo pensé en dos cosas: la primera fue que yo no era necesariamente un niño, pues ya tenía 19 y la otra cosa fue que me sorprendió mucho que aquella niña la pudiera ver había buscado toda la mañana  y no encontré a nadie y en el momento que menos esperaba ella me encontró a mí me quede pasmado entre tonto y estúpido mientras tanto la mujer siguió su camino con su hija, las busque a ambas pero parecía que hubiesen desaparecido se notaba a leguas que su madre no le había creído o  no la había visto, aun así seguí  buscando y acarreando todos los problemas que vendrían por el simple hecho de buscar a esa niña. Al final del día estaba cansado y no la encontré, me devolví a mi casa y al llegar deje la hoja en la mesita de noche de mi cuarto. No me fije en que color había cambiado simplemente me acosté a dormir sin pensar que esa sería la última vez que dormiría tranquilo y paradójicamente dormí como nunca.

Al día siguiente me levanté, desayune y me bañe. Estaba completamente listo para hacer lo mismo de siempre: nada. Era domingo, ¿que podía hacer? apenas estuve listo me senté a ver televisión como media hora, cuando termine de ver televisión eran las 8:30 am así que fui a buscar mi hoja, me traslade hacia mi cuarto y encontré la hoja precisamente donde la había dejado, me refiero a mi mesita de noche. La hoja ahora era azul, salí de mi casa a hacer lo mismo que el día anterior y buscar a alguien que la viera igual o mejor que yo.  Le preguntaba a todas las personas que veía  y todos me decían igual que yo estaba loco simplemente porque ellos no la veían, eso no me importaba, como dije, es la naturaleza humana. Fue entonces cuando algún inculto ignorante o persona problemática llamo a la policía y a un manicomio. Yo me había situado en un lugar concurrido y le preguntaba a todos los individuos a mi alrededor, despues de siete minutos de hecha la llamada llegó la policía y unos enfermeros, supe que venían por mí, eso me disgustó no porque vinieran por mi sino por lo rápido que llegaron comparando con una ambulancia. Es decir, que le dan más prioridad a un supuesto loco que a un enfermo o una persona en su lecho de muerte así que salí corriendo sin algún rumbo fijo, en seguida ellos me comenzaron a perseguir así que seguí corriendo escapando de ellos.

Tenía la hoja en mi mano y corría todo lo que podía, me aterraban los manicomios, crucé varias calles, me atravesé entre los autos, empujé a varias personas y al fin y al cabo me atraparon y me pusieron un saco de fuerza. Tenía la hoja en mi mano todavia, apenas me terminaron de poner el saco saque fuerzas de donde no tenía y salí corriendo. Esa fue una escena bastante rara; dos agentes de policía y dos enfermeros  psiquiátricos persiguiendo a un supuesto enfermo mental que tenía puesto un saco de fuerza y corría todo lo que podía, después de algunas cuadras me atraparon y en ese momento recordé aquella frase de Edgar Allan Poe "cuando un loco parece completamente sensato, es ya el momento de ponerle la camisa de fuerza" después me pusieron un sedante y me desmayé en mitad de la calle. Aún recuerdo la mirada de todos esos transeúntes que pasaban, sentían miedo y curiosidad, después de que me sedaran desperté en una habitación donde solo había un cama, un escritorio, una ventana con reja,  una puerta y una silla. Sobre esa silla, un hombre.
El nombre de aquel hombre sobre la silla junto al escritorio era Frank Callejo. Era el psicólogo principal del manicomio y me estuvo interrogando todo el día. Me preguntó casi siempre las mismas cosas pero en diferente orden y siempre llegaban a lo mismo, yo siempre le respondía con la verdad y no me creyó, al final me tomo por loco o enfermo mental.


Ya no he vuelto a ver aquella hoja desde aquel día que me atraparon, recuerdo que la tenía en la mano y cuando desperté frente al doctor tenía la misma ropa y el saco de fuerza, es decir, solo me habían transportado desde la calle al consultorio del Doctor Frank. Me quitaron el saco en determinado momento y no tenía la hoja en mi mano, después de una semana en el manicomio intenté escapar y tuve que asesinar a dos personas: al enfermero de turno y al celador. Los apuñale con un cuchillo que robé de los comedores. Intenté escapar porque era un tormento las inyecciones diarias e insultos por parte de todos, además que es insoportable convivir con este tipo de personas. Era el mismo infierno y no estaba dispuesto a soportar eso.

Logré escapar y a los dos días me atrapó la policía, creí que volvería al manicomio pero me imputaron un doble crimen de asesinato y ahora estoy en una vil prisión. Ya llevo un mes aquí y honestamente prefiero el manicomio, escuche que mañana es mi juicio, no entiendo lo que es juicio ya me encerraron en esta celda por tiempo que me deprime mencionar. Tal vez por juicio se refieren a que me imputaran otros cargos o que me daran la pena de muerte, la verdad no lo sé, en esta situacion es totalmente imposible ser positivo y pensar que todo esto pasó por aquella maldita hoja. Maldigo aquel parque, maldigo aquel 19 de marzo, me maldigo a mí mismo y maldigo el momento en que encontré aquella hoja que al final simplemente desapareció. Tal vez nunca existió. Tal vez si estoy loco. Tal vez.

Aunque honestamente nunca la vi…

Fin

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