CLASE NUMERO DOS
-Estúpido profesor, estúpido profesor- era la única frase en la que pensaba Camilo en su clase de ética y religión, al fin y al cabo, tendría un poco de razón; encerrado en un salón con cuatro paredes, un techo y un piso sucio con otros treinta jóvenes de su edad. Era realmente estresante estar en un salón así, con una ventana que solo dejaba ver los salones de la derecha y una puerta que rechinaba estruendosamente cada vez que se intentaba abrir. Unas paredes manchadas, puestos rayados y tachonado y el profesor; el típico profesor de química, matemáticas o cualquier materia realmente aburrida con sus zapatos de charol brillantes, sus medias que le llegan tal vez a 5 o 6 centímetros arriba del tobillo, su pantalón de bota recta, su cinturón de cuero, una camisa azul con líneas blancas y una corbata negra con azul, el saco gris oscuro de tal vez una o dos tallas más grande con líneas grises claras, además de su sonrisa tonta en donde resaltan los dos dientes superiores que lo hacen parecer un conejo, sus ojos cubiertos por unos lentes de contacto que hacen que se pierda el brillo de sus ojos, su cabello corto en dirección hacia su oreja derecha y su rostro con unas pecas que resaltan sus grasosos y flacidos pómulos. Otra cosa era su voz grave y molesta que busca imponer su propia ley por cualquier lado por el que pasa. Era alguien realmente insoportable.
Su nombre era Fabián Mendoza y cuando se presentó lo hizo de esta manera: -buenos días jóvenes, yo soy educador juvenil en ética, religión y ciencias políticas; soy el profesor Fabián Ernesto Mendoza Sambrano, tengo 26 años y estoy estudiando Derecho en la Universidad Nacional- hasta ese momento dejaba a todos los presentes impresionados. Lo que nadie sabía era sobre cómo era la otra cara de la moneda; en realidad este sujeto era un fracasado, estudio la carrera más barata que encontró y al no poder trabajar en una empresa importante decidió ser educador. Vivía con su madre, prácticamente ella lo mantenía. Doña Flor trabajaba tiempo completo para mantener su hogar pues su hijo solo ganaba un mínimo y no hacía nada, simplemente llegaba a su casa y se recostaba en el sofá a ver televisión y allí duraba tardes enteras. Mientras tanto su madre se partía la espalda trabajando como una mula, literalmente, para mantener a su fracasado hijo y el empleo de aquella luchadora mujer no vale la pena describir, ya que ella era semianalfabeta y no hay muchos empleos para personas como ella.
En fin, volviendo al salón –estúpido profesor- era lo único que rondaba en la cabeza de Camilo faltando 15 minutos para que se acabara esa clase y al fin pudiera salir a su descanso, Camilo duro viendo el reloj de pared durante 10 minutos sin pensar nada más en lo intolerante y a la vez insoportable que era su profesor. –Jóvenes -dijo al fin su docente en voz alta- Entréguenme la tarea que les deje el día de ayer y el trabajo de hoy–. Hubo un espacio de silencio entre el profesor y los alumnos y de repente todos los estudiantes comenzaron a reprochar la orden del profesor con cosas como la tarea estaba muy larga, ayer no vine, faltan cinco minutos para salir y cosas por el estilo. El maestro se puso de pie y con el mismo tono de voz de antes les dijo: - los que no la quieran entregar fácil, pierdan el periodo y ya. Los que la vayan a entregar me hacen una fila a mi lado izquierdo, el resto puede salir- quince segundos después todo el salón estaba en una fila a la izquierda del profesor, unos con cuaderno en mano y otros con la excusa medica correspondiente.
Después de 10 minutos de acabada la clase todo el salón ya estaba en el recreo, este tiempo era el tormento de Camilo.
Todo comenzó la primera semana de clases. Sus compañeros de salón le vieron cara de bobo y lo golpeaban, lo humillaban y sus profesores en vez de apoyarlo o defenderlo lo veían como un estorbo y estaban totalmente seguros de que Camilo nunca tendría futuro. Camilo vivía con su padre pues su madre había muerto al momento de dar a luz así que su padre siempre lo culpó de todas las cosas que pasaban en la casa, de las deudas de la familia, de su bajo rendimiento escolar, de la muerte de su esposa, del trabajo que tenía, de los problemas sociales, económicos y laborales que el sufría y un millar de cosas más. Camilo sufría bastante por estas cosas y casi siempre estaba de mal humor; él era un muchacho bastante delgado se podría decir que se parecía más a un pitillo que a un adolescente, era pálido, tenía el cabello corto, los ojos pequeños de tanto llorar y unas horribles ojeras por no dormir, además de eso pesaba menos de lo normal. No era para nada musculoso, era un poco tonto, torpe y lento en muchas cosas, todo esto debido a los rechazos y desprecios de los que por tantos años habia sido victima. Él le caía mal a 29 compañeros de clase, el otro, era él.
Al salir al recreo Camilo no tenía esperanzas de que ese día fuera diferente a los demás, ya conocía la rutina de memoria: salía de clase, afuera junto a la puerta recostado contra la pared lo esperaba Alex; el fortachón del 7b junto con otros dos perdedores obviamente amigos de él, apenas Alex lo distinguía se le acercaba y le pedía el dinero de su comida. Si no se lo daba lo golpeaban entre los tres y le robaban el dinero de todas formas, si no traía lo golpeaban y en las pocas pero repetidas veces en las que camilo le entrego su dinero a Alex sin problema, Alex por su parte lo humillaba y lo excluía de todo, ante esta situación Camilo reiteradas veces se quejaba con los profesores y ellos le contestaban: Sus problemas los resuelven ustedes solos, yo no tengo porque meterme en sus asuntos. Esta respuesta decepcionaba a Camilo. Así que aparte de las discusiones con sus maestros, sus encuentros con Alex y la exclusión de cualquier grupo, los cuales no lo dejaban jugar nada que estuviera relacionado con ellos así que no tenía otra opción más que quedarse solo todos los descansos.
Esta situación lo fastidiaba y lo hacía sentir mal.
Nadie en su familia su colegio o su barrio conocía sus sentimientos y emociones, él solo pensaba en morir, deseaba morir para acabar de una vez por todas todos esos tormentos. Él imaginaba quien más estaría pasando por su misma situación.
Le pedía perdón a Dios por lo que iba a hacer a final del día, Camilo espero las 6 horas restantes entre unos profesores peores otros no tan buenos, en fin a las 3:00 pm, se dirigía hacia su casa que quedaba a pocas cuadras de su colegio, caminaba a pasos cortos y lentos; buscaba razones y reflexionaba respecto a lo que haría al llegar a su casa llego a su barrio ahí recordó todo lo que le había sucedido.
Para entrar a su casa lo hizo despacio y en silencio, al observar la sala se logró dar cuenta que su padre estaba dormido en el sofá totalmente borracho, no tenía puesto el uniforme de policía y tenía unos bóxer negros con una camiseta blanca, tenía la boca abierta y babeaba demasiado.
En la mesa de centro tenía 6 botellas de alcohol vacías y otra a la mitad, su arma, unos billetes, sus documentos y algunas colillas de cigarrillo. Camilo no le presto mucha atención a todo eso, en cambio se dirigió a su cuarto, tiro su maleta sobre su cama fue a la sala y cogió una de las cosas de su padre al instante regresó a su cuarto, se sentó sobre su cama. Sujetó firmemente la pertenencia de su padre, se la metió en la boca con su mano empapada de sudor y algunas lágrimas que rodaban por su mejilla posteriormente tiro del gatillo, se escuchó un disparo, su padre se despierta conmocionado y se da cuenta que su revolver no está sobre la mesa.
FIN.
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