viernes, 21 de junio de 2019

UN SACRIFICIO (IN)EVITABLE


UN SACRIFICIO (IN) EVITABLE

Al abrir los ojos, Camila se encuentra con su insípido techo de color blanco, observa a su alrededor y solo encuentra sus insípidas paredes de color blanco con algunos manchones por las manos sucias que incontables veces se apoyaron en ellas. Por su mente no se atraviesa ningún pensamiento, es solo otro insípido día de su insípida vida.

Observa el reloj, son las 7:52 am de un sábado de agosto, suspira cansada a pesar de que hace tan solo unos momentos se acaba de despertar, sabe que en cualquier momento su familia interrumpirá su descanso. El reloj marca las 7:53 am y se empiezan a escuchar algunos sonidos en su casa. El sonido de un niño riendo es lo que debería escuchar pero en su lugar solo encuentra el llanto de su hermano de cinco años y los gritos de su padre, esta vez lo grita por haber mojado la cama. Puede que el regaño haya sido justificado pero esa cantidad de insultos que el hombre proclama hacia el niño no lo son.

Camila se sienta en el borde de la cama, suspira y hunde la cabeza entre sus manos, “no de nuevo” se dice mentalmente mientras escucha las cosas que su padre le dice a su hermano, “ya basta, no es para tanto” y mientras estos pensamientos recorren su mente unos golpes secos retumban por la casa. David, su padre, golpea al pequeño Pablito. Es difícil establecer porqué lo hace con tanta ira pero de nuevo, piensa Camila, algo completamente injustificado.

–¡Váyase y no me joda más!– le grita David a su hijo, el pequeño Pablo sale de la habitación y corre a los brazos de su hermana, se abraza a ella y llora en sus brazos. Ella lo abraza y al tocar la espalda del niño con sus manos, Camila siente en la piel de Pablo los golpes que David le acaba de propinar. Una lágrima se desliza por la mejilla de Camila mientras en silencio abraza a un Pablito sollozante. De repente un olor a humo de cigarrillo llega hasta la nariz de la muchacha, al mover la cortina y observar el balcón de la casa encuentra a Claudia, su madre, fumando un cigarrillo e ignorando todo lo que dentro de la casa está sucediendo. Camila suspira una vez más, le susurra algo en el oído a Pablo, le besa la frente y lo lleva al baño, allí lo desviste y lo baña con agua tibia, cuando termina de bañarlo busca la ropa de él, lo viste y lo deja dormir un rato más en cama de ella, al abandonar la habitación Camila cierra la puerta dejando a Pablito completamente solo para que pueda descansar.

La noche del viernes David y Claudia se quedaron tomando vino hasta tarde, dejaron las copas en las que tomaron en la cocina para que Camila las lavara. Al día siguiente, al entrar en la cocina, ella ve los recipientes vacíos y entiende que debe lavarlos pero piensa hacerlo después del desayuno. Después de dejar a Pablito en su habitación, ahora Camila está en la cocina, se dispone a preparar el desayuno. Unos minutos más tarde está listo, llama a todos a la mesa; entran David, Claudia y después de un momento también Pablito, es entonces cuando el desayuno transcurre con la “normalidad” de todos los días.

La comida que Camila preparó está deliciosa, lástima que nadie lo note, ni siquiera ella. Sus padres viven tan enajenados al mundo que no la saborean; David disfruta más las peleas que la comida, a Claudia le da lo mismo comer mierda que comer pollo siempre y cuando la comida no tenga demasiada grasa y no le arruine la figura, Pablito tiene mucha hambre y en dos bocados deja el plato vacío, para Camila las cosas son diferentes; la comida ya no tiene sabor y para ella, la vida ha perdido su color. Sufre por su hermano, se siente cansada, agobiada, quiere descansar de tal infierno al menos un solo día pero no, sus responsabilidades de mujer adulta (que es la excusa que ofrece David para obligarla a hacer todo en casa) le impiden descansar y tener un momento de tranquilidad, lo necesita pero ella misma se cohíbe de tenerlo.

Al terminar el desayuno, aquella lastimada chica levanta los platos sucios de la mesa y los lleva a la cocina, ni David ni Claudia le agradecen, solamente mueven sus gordos traseros a un sillón de la casa y encienden el televisor para ver el primer programa que encuentren en aquella caja mágica. Pablo sube a su habitación y empieza a jugar con sus carritos, Camila empieza a lavar los platos sucios del desayuno, mientras lo hace David le grita: –Oiga ruidosa de mierda, ¿no se puede callar? Trato de ver la televisión – Camila se disculpa y trata de hacer sus deberes con el menor ruido posible, afortunadamente para ella, las lágrimas son silenciosas, confiables y espontaneas. El agua del grifo que cae en los platos se mezcla con pequeñas gotitas que caen del bello rostro de Camila y nadie, a excepción de ella, lo nota.

Mientras lava los platos, de nuevo retumban en la casa los gritos de David, esta vez llamando a Pablo, la diferencia es que ese grito ahora toma a Camila desprevenida y mientras lavaba unas copas de vidrio deja caer una sobre el lavaplatos, se rompe en seguida. Algunos fragmentos caen sobre la esponja con la que está lavando. Camila estaba llorando mientras lavaba los platos, ahora que ha roto algo sabe que vendrán más problemas, corre al baño a lavarse las manos, el rostro y a tratar de evitar que se note que había llorado, el hecho de que su familia se entere agravará el asunto. Al salir del baño ve a David caminando hacia la cocina, un mal presentimiento recorre su cuerpo pues piensa que David escucho el ruido del vidrio rompiéndose y eso es lo que va a revisar, en realidad el solo se va a lavar las manos, dado que el baño estaba ocupado decide hacerlo en el lavamanos. Al acercarse, Camila trata de advertirle desde lejos que tenga cuidado con los vidrios, David en un gesto inconsciente voltea a mirar a Camila mientras su cuerpo sigue el rumbo que tenía antes haciendo oídos sordos a la advertencia de la chica, mientras Camila lo advierte, David ya ha tomado la esponja y la ha pasado por sus manos, primero reacciona ante el dolor que ante la advertencia de Camila. David observa su mano derecha, hay algunos vidrios incrustados en sus venas, cortadas de distinta profundidad y muchos rasguños, una queja de dolor sale de su boca mientras suelta la esponja con el resto de los vidrios, esponja que entre jabón y sangre ahora tiene un color rosado. Gotas de sangre caen sobre el lavaplatos, sobre la ropa de David y en el piso de la cocina, lo único que David logra pensar es que es culpa de Camila. La insulta, le dice que es un pedazo de mierda que estorba en la casa y que esto, señalando su ensangrentada mano, es culpa de ella.

Tal vez el accidente haya sido por un descuido de ambos, Camila no se arrepiente, sabe que vendrán problemas más adelante y a esos problemas le siguen muchos episodios de un David malhumorado y violento pero a pesar de todo está tranquila, siente algo de alivio. Una sensación de felicidad la inunda por un instante debido al karma que acaba de sufrir David.

Ahora los problemas empiezan a brotar, David se queja exageradamente lanzando improperios y maldiciendo su vida (en su mente él es un santo, una pobre victima que no merece la tan tormentosa vida que le ha tocado a su pobre ser), Pablito baja preocupado pues piensa que todos esos gritos son en contra de él por haber ignorado los llamados de su padre un momento atrás. Claudia, esta imperturbable, observa la escena, la mano de David sangrando y a David gritando, tranquilamente se levanta del sillón sin demostrar ninguna expresión en su rostro, camina hacia uno de los cajones de la cocina en donde hay toallas y busca el botiquín que tienen en la casa. Le dice a David que se calme, que no es tan grave como piensa, apoya la toalla sobre una mesa y sobre la toalla la mano de David, seguido a esto baña la mano en alcohol etílico.

Los gritos de David ahora se han convertido en chillidos, se esperarían de un niño pero es un hombre de 57 años el que ahora hace semejante escena tan ridícula y vergonzosa. Claudia intenta retirar un par de vidrios pero los chillidos de David la desconcentran y el forcejeo que él hace por retirar su mano del alcohol no la dejan trabajar. David dice que prefiere ir al hospital a que le saquen todos los vidrios y le hagan la curación pertinente. Mientras tanto dirige una mirada de odio hacia Camila y la insulta, –esto es culpa suya, maricona– grita David, Camila ya acostumbrada a sus insultos guarda silencio y baja la cabeza. Ahora que David no puede ver su rostro, Camila sonríe y se muerde el labio inferior de su boca tratando de ocultar la emoción que siente al ver al idiota  de su padre sufrir de esa manera, es obvio que él merece sufrir mucho más pero ese es un buen comienzo. Camila toma aire y trata de que en su rostro ahora aparezca una expresión de culpa, lo logra.

Ahora la familia debe decidir cómo llegar al hospital, David no puede conducir por tener la mano tan lastimada, Claudia estuvo bebiendo la noche anterior con David y por ende tampoco puede conducir, no viendo otra alternativa deciden cederle el volante a Camila. En ese momento ella propone llevar a David y a Claudia al hospital y dejar a Pablito en casa de algún vecino, dado que “muy probablemente nos demoremos mucho tiempo allá y Pablo se va a aburrir”, David la insulta y dice que es una idea estúpida. Camila trata de convencerlos una vez más, sin siquiera pedir la opinión del niño, pero de nuevo le dicen que no, que tienen que llevarlo. Ella acepta de mala gana.

Ahora todos están en el carro, se sientan David y Camila en los asientos delanteros mientras que Pablito y Claudia se sientan en la parte trasera del auto. Están a 25 minutos del hospital más cercano, Camila enciende el auto con toda la tranquilidad del mundo y empieza a andar respetando todas las señales de tránsito, los cruces, los límites de velocidad y dando espacio a todos los peatones que en algún momento necesitan cruzar la calle. David se da cuenta que la pasividad de Camila es intencional y con su mano izquierda golpea en el rostro a Camila. Le grita culpándola del accidente en su mano y de la situación en la que están ahora, que lo mínimo que un “pedazo de mierda” como ella podría hacer es hacerse responsable de la situación y llevarlo rápido al hospital, Camila empieza a hiperventilar y a ponerse nerviosa por la cantidad de estímulos que se le presentan, mientras trata de no perder el control, en su rostro siente otro golpe propinado por David.

A Camila le arde el rostro, con una mano sostiene el volante y con la otra se toca la mejilla que David golpeó, lo último que escucha es a David gritándole insultos a 50 centímetros de su oído. En una pausa que hace David entre tantos insultos, Camila escucha un sollozo casi imperceptible proveniente de los asientos traseros. La velocidad con la que conduce ella ahora ha aumentado después de recibir el segundo golpe de David, observa por el espejo retrovisor los asientos traseros y  encuentra a Pablo llorando desconsolado y cubriéndose los oídos con las manos para no escuchar la cantidad de improperios que David, una vez más, le lanza a Camila. Mientras tanto, Claudia observa el mundo exterior a través de la ventana como si dentro del auto no estuviera sucediendo nada.

La chica respira profundo, sostiene el volante con las dos manos y empieza a manejar a la velocidad que David le pide, al ver que Camila dejó la parsimonia con la que venía, David se calma un poco y guarda silencio un momento. Camila presta especial atención al llanto de Pablito, por desgracia David también lo escucha y ahora procede a desquitarse con el niño, le grita que es un marica y que los verdaderos hombres no lloran, luego lo amenaza con hacerlo llorar de verdad por algo. Pablito esta aterrado ante las amenazas de su padre y obviamente no deja de llorar. Claudia no hace nada, nunca hace nada.

Pablito se obliga a sí mismo deja de llorar, entonces Camila decidida y con una gota de sudor recorriéndole la frente le dice al niño sin mirarlo “por favor perdoname Pablito, tu no mereces nada de esto. Tu no deberías estar en este auto ahora mismo”, el niño no entiende a que se refiere su hermana. David tampoco entiende y lo mejor que se le ocurre es insultarla por meterse en asuntos que no le incumben a ella, la familia está a unas cuadras de llegar al hospital pero antes de eso debe cruzar por un puente con el auto. Mientras están cruzando Camila cierra los ojos, respira profundamente y acelera, antes de que David pueda decir algo más ella gira bruscamente el volante hacia el vacío.

En el momento en que el auto atraviesa la cerca que está en la parte más alta del puente, Camila suelta el volante y dirige su mano hacia el cinturón de seguridad de David, lo desabrocha y luego cierra los ojos, el auto se suspende en el aire por un leve momento luego cae estrepitosamente de frente, mientras cae, toda la familia entiende la intención de Camila. Pablito entiende por qué ella quiso que él se quedara en la casa, Claudia entiende y comprende la reacción de Camila pero le preocupa que su rostro quede desfigurado y nadie quiera ir al funeral de ella por lo mismo, en cambio, David utiliza sus últimos pensamientos para odiar aquel momento en el que Claudia se negó a abortar a su primera hija.

El auto cae, David al tener su cinturón desabrochado atraviesa el vidrio delantero, cae al suelo y seguido a eso el auto gira y termina boca arriba, al caer aplasta el cuerpo del idiota de David. Pablito está inconsciente y Camila tiene múltiples heridas y fracturas en el cuerpo pero está despierta. Claudia no llevaba puesto el cinturón de seguridad, el choque la hace golpear contra el asiento de enfrente y le rompe el cuello, muere al instante.

Al observar hacia la carretera en la que acaban de caer, lo último que ve una maltratada y gravemente herida Camila es un camión acercándose velozmente hacia ellos y la mirada aterrada del conductor al darse cuenta que no logrará frenar a tiempo. Inevitablemente el camión los golpea. El golpe acabará con la vida de las dos personas que habían sobrevivido dentro del auto. Un momento antes del choque, Camila cierra los ojos; se da cuenta que las dos personas que le habían arruinado la vida ahora están muertas, también se convence de que Pablito ahora estará en un lugar mejor así que por primera y última vez, Camila logra sentir la paz que siempre buscó.

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