miércoles, 5 de junio de 2019

AMOR DE MADRE


AMOR DE MADRE

Los labios de Andrea están húmedos por la saliva de Esteban, ella mueve delicadamente su lengua y roza los labios ajenos, él por su parte la besa tiernamente y le corresponde de una manera muy bella. Están sentados en una banca del parque de la 72, llevan un rato ahí y a pesar de estar algo lejos de sus casas, son felices y disfrutan el momento.

Unos metros más lejos de donde están Andrea y Esteban, está pasando Sebastián. No tiene mucho que hacer en ese parque, en la mañana habló con su novia y ella le dijo que estaría ocupada, que era mejor si se veían el otro fin de semana. Sebastián no tiene problema con eso, también está lejos de casa pero quería conocer un lugar nuevo. Se sienta en una de las bancas y empieza a fumar un cigarrillo; lo sostiene con sus labios, lo enciende y absorbe todo el humo. Siente el humo pasar por su boca, por su garganta, llegar a sus pulmones y luego devolverse siguiendo el mismo camino. Observa lo que sucede a su alrededor: unos niños jugando en la arena, un grupo de personas jugando fútbol, una pareja besándose en una banca, un hombre vendiéndole helados a una familia. Técnicamente es un día cualquiera para las personas del parque y para él también.

Sebastián es un muchacho de 22 años, es brillante, tiene una novia hermosa a la que ama. Creció solamente con su madre, su padre lo abandonó y desde entonces no supo más de él, tampoco tiene interés en saber más. Tiene a su madre y eso le parece suficiente, no tiene hermanos y en lo que se puede decir, él es feliz.

Luego de terminar su cigarrillo decide caminar un poco, esta algo ensimismado y deja de percatarse de lo que sucede a su alrededor, camina con la vista hacia el suelo. La pareja en la banca ahora está hablando, Andrea le dice a Esteban que es muy feliz con él y que lo ama, Sebastián está pasando cerca a ellos y escucha una voz familiar, mientras la reconoce escucha al muchacho, él le responde y le dice que también es feliz pero que la situación en la que está lo pone nervioso. En ese momento Sebastián reconoce dos voces familiares, se gira y observa a la pareja, los ojos de Andrea y Esteban se encuentran con los de Sebastián.

Sebastián ahora reconoce dos rostros muy familiares.

El muchacho pierde los estribos, empieza a gritar y a desesperarse, le reclama a Andrea, la insulta y le dice que no tenía razón para hacerle algo así y menos con su mejor amigo. Luego hace lo mismo con Esteban, lo grita, lo insulta y le dice que es una porquería de amigo, que nunca se esperaba algo así de él. Las personas que jugaban fútbol lo escuchan gritar y detienen su partido por un momento, entonces observan con atención la escena que sucede.

Sebastián se lanza sobre el muchacho al que llamaba amigo, caen al piso y allí lo empieza a golpear con rabia. Andrea ve la escena, observa a los muchachos en el suelo y empieza a gritar pidiendo ayuda. Intenta separarlos tirando de la camisa de Sebastián, le pide que se detenga y en medio de la pelea ella empieza a llorar desesperada. Las personas que jugaban fútbol en el césped corren e intervienen en la pelea, los separan, unos cuantos agarran a Sebastián y otros le ayudan a Esteban a levantarse del suelo.

Sebastián sigue enojado y mientras algunas personas lo sostienen, él empieza a insultar a Esteban. Cuando no tiene más improperios que lanzar, decide escupir a Esteban. Durante todo el rato Esteban estaba tranquilo, cuando Sebastián lo golpeaba el solamente se cubría pero no lo atacaba, la saliva de Sebastián que le cae en el rostro lo termina de descomponer; se suelta de las personas y con dos o tres pasos largos llega hasta Sebastián y lo golpea en el rostro. Sebastián cae al suelo y de su nariz empieza a brotar un hilo de sangre.

Los niños que jugaban en la arena corren asustados al lugar en donde están sus padres, la familia que compraba helado se mantiene alejada y llama a la policía. Sorprendentemente la policía no demora en llegar, entran corriendo por la entrada norte del parque y al buscar con la mirada ven a Esteban golpeando a Sebastián y Sebastián cayendo al suelo. Mientras Sebastián logra ponerse de pie los policías corren hacia ellos, de alguna manera Sebastián se suelta de las personas que intentaban sostenerlo y de nuevo se lanza sobre Esteban. La policía llega, los separa, los esposa y los lleva a una estación de policía.

La pelea no fue algo grave, los tuvieron en la estación de policía algunas horas y en la noche los dejaron ir. Durante todo el tiempo en la estación Esteban intento hablar con su amigo pero Sebastián simplemente lo ignoraba. Al salir de la estación cada uno se fue a su casa y el tema quedo ahí.

En el camino, Sebastián llora enojado, llevaba mucho tiempo con Andrea y le molestaba todo lo que había sucedido. Con ella llegó a hacer planes en los que incluían comprar una casa, irse a vivir juntos y en un futuro aún lejano, llegar a tener un hijo. Todos estos planes podían ser demasiado optimistas pero aun así no había ninguna razón de peso que se los impidiera, de cualquier modo Sebastián veía un gran futuro con Andrea.

Por otro lado, Andrea solamente dejaba hablar a Sebastián y le seguía la idea en todas las cosas que decía aunque en el fondo ella sabía que no se harían realidad nunca. Andrea tenía otros planes y a pesar de todo lo que proponía Sebastián ella quería tener una vida diferente. No quería que Sebastián se convirtiera en la única pareja que tendría en su vida, quería conocer más personas, tener otras relaciones, viajar mucho, no tener hijos; es decir, todo lo contrario a Sebastián. Mientras estaba con él, Andrea también tenía una especie de relación con Esteban, no era algo llevado por el amor, solo por el deseo y eso era todo lo que ella quería.

De cualquier modo, Sebastián llego a su casa, no estaba su madre así que solamente se lanzó sobre su cama a llorar. Lloro hasta quedarse dormido y unos minutos más tarde su madre llegó.

Sandra es una mujer que ronda los 45 años, tuvo a Sebastián a los 23 años. Tuvo que criarlo sola pues su esposo, según lo que le dijo la policía, se suicidó luego de abandonarla a ella y a su hijo. Sandra es una mujer fuerte, decidida, sabía que si su esposo no iba a estar en su vida nada le impediría ser feliz con su hijo y eso hizo.

Cuando Sandra llegó a casa encontró a su hijo dormido, había llegado tarde del trabajo así que no se enteró de nada de lo que había sucedido ni del paso de su hijo por la estación de policía. Al día siguiente, Sandra no debía trabajar y Sebastián no tenía que estudiar. La mujer despertó temprano y empezó a preparar el desayuno, puso algo de música y el ruido despertó a Sebastián. Él despertó y fue a la cocina. Sin ganas saludó a su madre y al ver que el desayuno estaba casi listo se sentó a la mesa, Sandra le siguió el paso con dos platos en sus manos, los puso sobre la mesa y con una sonrisa en su rostro observó a un desanimado Sebastián.

Sandra intentó conversar con él y con un “¿Qué quieres hacer hoy, hijo? Siento que va a haber buen clima” intentó romper el hielo, Sebastián cabizbajo y jugando de manera triste con su comida le respondió —Nada mamá, hoy no tengo ganas—. Ella preocupada intentó averiguar más, en medio de tantas preguntas que Sebastián respondía con monosílabos Sandra notó los moretones en el rostro de su hijo y al preguntarle qué era lo que había pasado, Sebastián rompió en llanto y en medio de lágrimas le contó todo:
—Es Andrea, mamá. Es una perra —afirmó Sebastián entre sollozos.
— ¿Por qué lo dices hijo? ¿Qué paso? —preguntó Sandra.
—Ayer fui al parque de la 72, no tenía nada que hacer allá pero hace mucho no iba
— ¿Y qué paso?
—Que la vi a ella mamá, la vi —dijo Sebastián mientras sostenía su rostro entre sus manos y lloraba sin poder terminar de decir lo que trataba de explicar.
— ¿Como que la viste, Sebas? No entiendo. ¿Estaba con alguien más? ¿Estaba haciendo algo malo? ¿Le paso algo a ella?
—Estaba con Esteban, mamá. Los encontré besándose y en la mañana me había dicho que se iba a quedar en su casa todo el día.
—Ay Sebas, lo siento mucho en verdad —dijo Sandra con un tono triste. ¿Pero que más paso?
—Yo… yo no supe que me pasó. Lo ataque, empecé a golpearlo y unas personas llegaron a separarnos, luego alguien llamó a la policía
— ¿La policía? ¿Cómo así? ¿Qué te hicieron?
—Nada má, me llevaron a la estación y me tuvieron allá casi todo el día. Luego de eso me dejaron ir. —En ese momento Sebastián volvió a llorar— Pero mamá, yo lo quería todo con Andrea y ella me falló de esta forma. ¿Qué fue lo que hice mal?

Sandra guardó silencio, veía a su hijo llorar y eso le partía el alma. No sabía que decir y temía que al decir las palabras inapropiadas su hijo reaccionara mal:
—Tu no hiciste nada malo hijo, solamente te topaste con la persona equivocada —afirmó Sandra tratando de consolar a su hijo.
—Y con mi mejor amigo mamá, con Esteban. Jamás me lo espere de él.
—Lo se hijo, todo esto yo tampoco me lo esperaba
—Pero esto no se va a quedar así mamá.

En ese momento la voz de Sebastián empezó a cambiar. Esta vez hablaba desde la ira y no desde el dolor, corrió a la cocina y tomo uno de los cuchillos. Mientras decía algo entre dientes, Sandra empezó a intuir que era lo que sucedía y tan rápido como pudo se interpuso entre él y la puerta de la casa.

Por favor apártate mamá, esto no se va a quedar así. —Las palabras de Sebastián no salían de su boca sino desde el más grande odio que podía existir en su interior.
No lo hagas Sebas, ellos no valen la pena.
No puedo dejar que esto se quede así, ellos me arruinaron la vida.
¿No crees que estas exagerando? —Al decir esto, Sandra se dio cuenta que acaba de pronunciar las palabras que temía pronunciar.
— ¿Exagerando? ¿Es en serio mamá? —De nuevo su tono de voz volvió a cambiar—. Ya quítate, esto no es contigo.
—No hijo, por favor no —En ese momento unas lágrimas se deslizaron por las mejillas de Sandra y mientras eso sucedía ella dio unos pasos al frente y se abrazó a su hijo—. Por favor no, Sebas.

Sebastián se arrodillo y lloro sobre su madre:
—Mamá, no quiero que esto se quede así. Mamá, ellos tienen que pagar.
—No hijo, ya basta en serio. Por favor detente, mejor dame eso —dijo Sandra refiriéndose al cuchillo, Sebastián accedió y dejo que su madre se lo arrebatara.
—Pero aun así los haré pagar mamá, lo siento —mencionaba Sebastián aun abrazado a su madre—. Puedes calmarme todo lo que quieras pero no puedo dejar que esto se quede así. Andrea era mi vida y si no es mía, ella no será de nadie. Eso lo tengo muy claro.

Sandra entendía el sentimiento y se dio cuenta que no podría hacer nada para cambiar lo que iba a suceder. Sebastián empezó a zafarse de ella pero entre más fuerza hacia más fuerte se abrazaba su madre a él. Finalmente Sandra tuvo que tomar una decisión; tomó el cuchillo que le había arrebatado, lo apretó con fuerza y lo enterró en la espalda de su hijo. El cuchillo le perforó un pulmón y la sangre empezaba a llenarlo, se derramaba por la herida y la sangre se confundía con la camisa roja que tenía Sebastián.

Sandra lloraba, era consciente de lo que sucedía y solamente se abrazaba más a su hijo. Sebastián sentía un dolor inmenso en la espalda, se le dificultaba respirar y tuvo que hacer un esfuerzo enorme para ver a su madre a los ojos y en un susurro casi gutural decirle “¿Por qué?” Sandra lloraba pero sabía que hacia lo correcto. Retiró el cuchillo de la espalda de su hijo, la sangre salía a borbotones de la herida y manchaba el piso, la pared y terminaba de cubrir de un rojo espeso la ropa de Sebastián.

El muchacho, entrando en shock y sin saber que hacer intenta zafarse y pelear, Sandra con un movimiento rápido y decidido vuelve a enterrar el cuchillo en la espalda de su hijo. De la voz de Sebastián se escucha un quejido sordo y un jadeo incesante en su afán por respirar. Mientras su hijo se desangra, Sandra llora abrazada a él y recuerda cuando su madre, Flor Alba, le cuenta que tuvo que asesinar a su esposo por tener hijos con otra mujer. Al mismo tiempo Sandra recuerda cuando tuvo que envenenar al padre de Sebastián por haberlos abandonado, gracias al envenenamiento la policía creyó que fue un suicidio y ella le ocultó la verdad a su hijo.

Ahora la madre, con su único hijo muriendo en sus brazos, ve como la historia se repite otra vez. Sandra retira el cuchillo y lo vuelve a enterrar una vez más, y luego otra, y otra y otra. Entonces le susurra al oído a Sebastián las últimas palabras que él logra escuchar antes de morir desangrado:

—Ya basta hijo, no podemos seguir lastimando a más personas.

1 comentario: