sábado, 1 de abril de 2017

El RUMBO DE LA DOMINACIÓN Y LA PERDICIÓN

EL RUMBO DE LA DOMINACION Y LA PERDICION


Hola, se bien quien eres y tú sabes bien quien soy. Hace mucho no hablamos (aunque técnicamente no lo estemos haciendo) decidí alejarme de ti un tiempo debido a que sé que la vida te estaba tratando bien, que habías terminado tus estudios y encontraste un buen empleo, felicidades por eso. Ah, por cierto, sé que fue hace una semana, pero de todas formas ¡Feliz Cumpleaños! No, no me llamaste, de hecho vine por mi cuenta y aun no me arrepiento de eso. La vida perfecta no es para todos y solo en la autodestrucción se sabe quién es fuerte y quién no. No me preguntes porque te lo digo, es obvio; no creo que después de perder tú empleo y de la muerte de tu madre vayas a estar de lo mejor… Mira el lado bueno, al menos hay salud (aunque los médicos digan lo contrario) y me tienes a mí. Yo no te dejare ni te abandonare como lo han hecho todos tus amigos, además es casi imposible que me logre separar de ti. Ahora, déjame llegar hasta donde estás.

Te auto compadeces, caminas de un lado al otro de la habitación, constantemente tus lagrimas humedecen tus mejillas y tus dedos revuelven tu cabello, le llamas a eso desesperación, ansiedad, depresión, debilidad, miedo, le das muchos nombres. Te arrodillas en el suelo y lloras con la cabeza entre tus manos, lloras hasta que las lágrimas se niegan a seguir saliendo de tus ojos. Finalmente, te levantas, caminas con pasos largos y lentos hasta tu cama, saltas a ella entre sollozos y lágrimas que aún no se han secado y permites que el sueño se apodere de ti. Cierras los ojos y escuchas el sonido del mar, ves una calle que se te hace conocida, un restaurante italiano con muchos clientes, escuchas los gritos de los niños en un colegio, luego ves un centro de negocios en un día bastante ocupado. Ves tu reflejo en un espejo irreal y escuchas voces, algunas risas, algún llanto, una mujer que grita como si su vida dependiera de ello y al mirar hacia abajo, observas que el sueño está teñido de un color carmesí, te agachas para ver qué es y una luz te golpea directo en el rostro avisándote que ya despertaste.

Miras hacia tu izquierda y observas tu reloj, dormiste 8 horas y es un nuevo día, puedes buscar trabajo y seguir avanzando o puedes quedarte y ahogarte en tu propia miseria. Eliges la segunda, requiere un menor esfuerzo. Te quedas en tu cama y observas el techo de tu habitación, te preguntas porque sigues con vida. En ese momento escuchas la bocina de un camión en la calle y te preguntas: ¿Por qué no ha caído el techo sobre ti? ¿Por qué ningún camión se ha estrellado contra tu casa nunca? ¿Por qué ningún auto ha logrado asesinarte cuando vas por la calle? ¿Por qué sigues con vida?

Está bien, basta de lamentos. Levántate, la vida sigue hasta que algo o alguien decida cambiarlo. Te cambias de ropa y sales a la calle sin ducharte. ¿Por qué? Eso es algo irrelevante. Al Salir el sol te da en la cara, no sabes qué día es y saberlo no tiene la mayor importancia. Caminas sin rumbo, sin dirección, caminas solo hacia donde tus piernas deciden que debes caminar. Afuera, en la calle solo te sientes como un tipo de ente sobrante, un desperdicio en el espacio y un obstáculo para el aire que circula, lamentas tu existencia y el hecho de que sigues con vida. Decides no mirar alrededor para evitar traer recuerdos del pasado, solo te concentras en el suelo, en el espacio entre líneas del piso y la distancia aproximada de cada uno de tus pasos. De repente, una mano toca tu hombro y una voz suave, delicada y algo fina dice “Hola” muy cerca a tu oído, te giras y levantas la cabeza para saber a quién pertenecen la mano que te acaba de tocar y la voz que acabas de escuchar. Al levantar tu cabeza tu mirada se entrecruza con la de otra persona y casi en un susurro inteligible dices solo una palabra: “Daniela”.

Ver el rostro de una vieja amiga te trae recuerdos de tu pasado; probablemente de tu universidad, algunos buenos, algunos malos pero casi todos relacionados a la persona que está frente a ti. Dos brazos provenientes del cuerpo de Daniela te abrazan y escuchas que su voz ahora te dice: -¿Cómo estás? Hace mucho no sé nada de ti, ¿cómo te ha tratado la vida?- en seguida sus preguntas se quedan en tu cabeza y no sabes si decirle la verdad, piensas en responderle “Me va peor que nunca, odio mi vida, deseo morir cada vez que me veo al espejo o que abro mis ojos, no tengo a nadie en mi vida, y cada día que paso en soledad es una completa tortura. Lo peor de todo es que a veces lo disfruto, ya me acostumbré a esto y no creo que podría soportar no sentirme así” pero no, solo le respondes un “Bien, creo que las cosas han mejorado mucho”. Mentira. Observas los labios de Daniela, los ves moverse y tus oídos escuchan un -Me alegra mucho, por mi parte ya tengo un trabajo en una gran empresa y jaja no te la digo porque después sientes envidia…- escuchas tanta mierda y solo piensas en gritarle “zorra estúpida, largo de aquí” sin embargo, Daniela sigue hablando -… ahora vivo con mi novio en un apartamento, estamos pensando seriamente en casarnos y formalizar nuestra relación… - de nuevo la misma mierda, no sé cómo puede alguien aguantar a esta idiota ¿o el problema soy yo? -… y hasta el momento esa es mi vida, creo que si me llego a casar con José, me gustaría invitarte a nuestra boda. Es más, lo haré... Dame tu número ¿sí?- le dictas una serie de números que van acorde a la telefonía del lugar donde estas, Daniela lo anota con fidelidad y ni siquiera se preocupa por preguntarte si lo escribió correctamente, luego vuelve a abrir su boca y te dice -Bueno, te dejo. Voy algo tarde para el trabajo. Me gustó mucho volver a verte. Llámame o bueno jaja mejor yo lo hago- te vuelve a abrazar y se va. Suspiras y piensas en porque le diste un numero falso.

Una serie de imágenes llega a tu cabeza, ves a Daniela en su boda con su prometido, está preciosa, se ve realmente hermosa. Observas tus manos y ves que hay un cuchillo en ellas, sabes lo que tienes que hacer. Te acercas al altar, dices su nombre en voz alta y ella se da la vuelta sorprendida principalmente porque decidiste no acatar el protocolo, luego su mirada baja hasta tus manos y vuelve a tus ojos, un rastro de incertidumbre se asoma en su rostro y antes de que pronuncie una sola palabra la apuñalas con el cuchillo que tienes en tus manos (el cual es de cocina y eso es algo raro). Lo entierras en su vientre hasta que el mango toca su vestido antes blanco, ahora carmesí. Lo más interesante de esa escena es la reacción de todos; Daniela aspirando aire, José gritando, el sacerdote bastante aterrado y dando pasos miedosos hacia atrás, una mujer en el público se desmaya, otra solo grita, el resto de gente en murmullos y voces inaudibles se levantan de sus asientos y aterrados corren hacia la salida, mientras tanto tu sacas tu cuchillo de cocina del cuerpo de ella, ves su vestido manchado y con tal velocidad que no piensas en nada mas lo entierras de nuevo, y así sucesivamente. El cuerpo cae y ya en el suelo Daniela pone sus manos en su vientre y se ahoga en su propia sangre, tanto José como el sacerdote te miran con horror, te abalanzas sobre José y le entierras el cuchillo en su garganta y lo dejas ahí, el sacerdote huye con su rostro desfigurado por el horror. Te das media vuelta y ves el salón completamente vacío, caminas hacia la puerta de una manera natural y calmada, al llegar allá ves la escena que dejaste y el orgullo llena tu ego, pues observas un charco de sangre sobre el que descansa Daniela con sus manos en dos de sus heridas y por otro lado ves a José inmóvil y con una mueca de dolor, miedo y terror en su rostro, “Es perfecta” dices en voz alta.

Vuelves a la realidad y estas caminando, no tienes control sobre tus movimientos, solo caminas. Te detienes por cuenta propia, miras al frente y solo ves la entrada principal de un restaurante, se te ocurre una idea estúpida entonces entras al restaurante, nadie advierte tu presencia, atraviesas el pasillo, nadie advierte tu presencia, entras a la cocina, nadie advierte tu presencia, tomas uno de los cuchillos del restaurante (bastante similar al de la boda de Daniela) y nadie advierte tu presencia, sales del restaurante, nadie advierte tu presencia, caminas unas cuadras y nadie advierte tu presencia.

Más adelante logras ver una estación de policía, ves a dos hombres con uniforme dentro de ella, uno contesta una llamada, anota algunas cosas, cuelga y le dice algo a su compañero, él lo escucha, agarra la hoja en la que el otro tipo escribía y sale de la estación, sube a una patrulla, enciende la sirena y se va. Solo queda el otro sujeto, lee un libro y a veces mira a su alrededor. “No hay nada extraño. Vamos, sigue leyendo tu libro”. Te acercas a la estación en silencio, escondes el cuchillo de cocina en tu pantalón y vas al lugar donde está aquel hombre, entras a la estación y tu respiración se acelera, el nota tu presencia y cierra su libro, tu corazón late más rápido, el policía gira y te pregunta -¿Puedo ayudarle?- le vas a responder y tu voz se quiebra impidiendo que aquel policía escuche algo. Miras hacia abajo y ves el lugar en donde él está sentado. Es una silla con ruedas bastante común, levantas la mirada lentamente y notas el arma en su cinturón, lo miras directamente a los ojos, tu respiración baja su ritmo y le dices “Sí, necesito ayuda” él te pregunta si pasa algo malo, respondes negativamente, tomas aire y con un movimiento demasiado rápido sacas el cuchillo de cocina de tu pantalón y lo entierras en su garganta, escuchas al policía hacer un sonido gutural con el cuchillo de cocina en su cuello, luego sacas el cuchillo de cocina del cuello de aquel hombre y ves el cuchillo de cocina teñido de color carmesí, un escalofrío recorre tu cuerpo y sientes la adrenalina fluir por tus venas, una sensación bastante rara y agradable, es cierto. Tomas el cuchillo y lo entierras de nuevo, esta vez en su mandíbula, el policía hace un gesto de dolor mientras tiene las manos en su cuello, luego retiras el cuchillo, lo limpias con su ropa, el policía se pone pálido muy rápidamente y su uniforme se tiñe de aquel color carmesí, retiras el arma de su cinturón, revisas que tenga munición y sales de aquella estación, afuera empiezan a caer gotas, la lluvia se aproxima rápidamente y todas las personas se concentran más en buscar un lugar en donde refugiarse de la lluvia que en observar que sucede dentro de la estación, nadie se da cuenta de nada y mientras caminas te dices en voz alta “vaya sorpresa que se va a llevar el otro policía cuando regrese”, luego sigues caminando bajo la lluvia.

Te acercas a una fuente de agua en medio de la lluvia para limpiar tu mano y el cuchillo de cocina que tienes en ella, guardas el arma en la parte que hay entre tu pantalón y tu cadera, escondes el cuchillo entre tus mangas y luego sigues caminando. El ritmo de tu corazón y de tu respiración ha disminuido notoriamente, evidentemente la calma ha llegado a ti. Dejas de pensar en lo que hiciste o en lo que harás y decides concentrarte en el lugar en el que estás, la gente le sigue huyendo a la lluvia, algunos niños dejándose llevar por la mano de su madre escapando de la lluvia te observan con aquella curiosa mirada que solo los niños pueden hacer, algunos vendedores ambulantes guardan su mercancía y corren a esconderse de la lluvia, la cual cada vez arremete contra la tierra más fuerte que antes, todos intentan dejarse alcanzar lo menos posible por ella, nadie nota tu presencia, nadie a excepción de los niños. Ellos son los únicos seres que se interesan más por el mundo que los rodea que por sí mismos, por eso logran verte por encima de la lluvia. Sientes que ellos te observan y decides ignorarlos, así que te concentras en seguir caminando. Observas el suelo, algunos charcos se han ido formando en el transcurso de lo que sucedió en la estación de policía al lugar en el que estas, ya vas llegando a una de las esquinas, decides girar hacia tu izquierda, doblando por la panadería que está más cerca, antes de seguir caminando decides detenerte para observar si algo ha cambiado desde que abandonaste la estación. En la estación se ve algún tumulto de curiosos, algunos simplemente hablan por sus celulares mientras observan la estación y miran con desesperación hacia todas las direcciones tratando de culpar a alguien por lo de aquel policía. Una mujer observa en todas direcciones mientras se cubre la cabeza con un periódico, por un momento posa su mirada en ti, este suceso solo dura por mucho 3 o 4 segundos, luego sigue observando a las demás personas. Sientes algo de calma y alivio, al seguir caminando recuerdas las cosas que tienes escondidas bajo la ropa ¡Hay que hacer algo con ellas!

Echas un vistazo rápido a los locales que hay alrededor tuyo, la mayoría es solo comercio, también hay algunos restaurantes, una panadería que acabaste de pasar y una carnicería (al observar a esta última te das cuenta de que un cuchillo de aquel local hubiera sido más útil que el cuchillo de cocina que robaste). En ese momento piensas en una de las historias que habías escuchado desde hace mucho tiempo, ¿Por qué no repetirla? Es la pregunta que te haces. Solo que esta vez le darás tu toque, tu manera de hacerle saber al mundo que pasaras a los anaqueles de su triste historia. No sabes qué hora es y tampoco llevas reloj, escuchas a un periodista hablando sobre el valor del petróleo en los últimos días, buscas el origen de aquel sonido y descubre que a tu derecha hay una tienda en la que venden celulares, la mayoría de personas que están ahí permanecen  más por evitar la lluvia que para comprar la mercancía que ahí se vende. Desde la entrada se puede observar un televisor encendido, de ahí proviene el sonido del noticiero. En una esquina del televisor se puede ver la hora: 1:27 pm. Ya es más de medio día, por eso tantas personas por aquel lugar y tantos restaurantes llenos. Decides intentar entrar a un banco que queda cerca pero ves que algunos de los vigilantes están armados y prefieres ahorrarte problemas, te diriges hacia un colegio pero allí te niegan la entrada por tu aspecto, la lluvia sigue cayendo sobre la ciudad y el agua ya se te ha filtrado hasta en tu ropa interior. Observas un restaurante, a simple vista la fachada puede pasar desapercibida, entras y al pasar la entrada hay un corredor que dirige directamente hacia otra pequeña puerta más al estilo de los bares que de los restaurantes, al llegar a esta segunda te das la vuelta y observas que la puerta de la entrada esta simplemente abierta y que al cerrar desde adentro no permite abrirla desde fuera a excepción de la llave especifica de esta, te devuelves unos pasos y la cierras con todos los seguros que dicha puerta tiene. Luego vuelves hasta la segunda puerta que esta al final del corredor, al llegar a está escuchas un ligero murmullo, algo normal de los restaurantes. Adentro hay varias mesas, la gran mayoría están ocupadas, te sientas en una mesa libre y terminas de observar el resto del lugar.

El restaurante se divide en dos partes, la cocina y aquel otro espacio dedicado solamente a los clientes, la cocina tiene una pequeña ventanilla por la que los cocineros pasan la comida a los meseros, luego otra puerta que conecta ambas partes, está ligeramente abierta y en la cerradura hay un candado abierto el cual simplemente cuelga de la cerradura. El resto del restaurante es bastante simple, pasando el corredor hay dos salas, cada una a derecha e izquierda de este. Aparte de los meseros no hay nadie más de pie, al parecer nadie ha notado que cerraste la puerta del lugar. En el restaurante hay aproximadamente 60 personas entre hombres, mujeres niños, algunos ancianos y los meseros. No te fijas cuantas personas hay en la cocina, ese lugar no tiene la mayor relevancia, un mesero se acerca y te pregunta tu orden. Le pides la carta y le dices que en un momento lo llamas, el afirma con la cabeza y se retira. Dejas la carta sobre la mesa y te diriges a la puerta que une la cocina con el resto del restaurante, la cierras y la aseguras con el candado, las personas en la cocina están demasiado ocupadas y no escuchan ese click en la puerta. Vuelves a tu silla y llamas al mesero, él se acerca y le dices: “Creo que ya sé que quiero pedir”, el mesero con un gesto te indica que está listo para pedir tu orden, vuelves a tomar la palabra mientras disimuladamente sacas el cuchillo de cocina de tu camisa, entonces le dices “Me gustaría pedirte que te vayas al infierno” el mesero levanta la mirada y te observa mientras te dice: -¿Perdón?- Apenas termina de vocalizar esas dos silabas te levantas y rápidamente entierras el cuchillo de cocina en su abdomen en tanto pegas tu cuerpo al del mesero casi abrazándolo, en tu oído izquierdo escuchas un suspiro exhalado con fuerza. Retiras el cuchillo al sentir su sangre quemándote la mano, el mesero cae al suelo, se retuerce de dolor mientras que la sangre sale desesperadamente de su abdomen y tiñe su camisa blanca de un color carmesí. La gran mayoría de los presentes dirige su mirada hacia esta escena mientras te observan de una manera inquisitiva, tomas aire y corres hacia una de las familias, entierras el cuchillo de cocina en el cuello de un hombre que está sentado y una mujer de otra mesa grita presa del horror, sacas el cuchillo y lo entierras en el pecho de la mujer que está sentada a la derecha del hombre que acabas de apuñalar. Algunas personas se levantan de sus sillas y empiezan a correr, golpeas a algunas y les entierras tu cuchillo de cocina a otras, han pasado apenas 37 segundos desde que el mesero cayó al suelo.

Al otro lado del restaurante todos se preguntan por el motivo de semejante escándalo, las personas siguen corriendo y escuchas a un hombre en el pasillo que grita “NO PUEDO ABRIRLA, NO PUEDO ABRIRLA” corres a la entrada de pasillo y ves a un gran número de personas intentando abrir la puerta, al parecer la dejaste bien cerrada. Sacas el arma del lugar que esta entre tu pantalón y tu cintura, la cargas y disparas hacia el hombre que gritaba. Al escuchar el estallido del arma todos empiezan a gritar, la cargas de nuevo y disparas hacia la espalda de una mujer que está al final del tumulto y que está empujando a todos mientras cree que podrá salir, le das muy cerca a la columna y la bala logra atravesar su cuerpo impactando a otras dos personas más adelante, caen algunas al suelo y en medio de los gritos escuchas un llanto, a tu derecha hay un niño de aproximadamente 8 o 10 años que esta de rodillas en el suelo y que llora mientras tapa sus ojos con sus manos, diriges el arma hacia él y disparas, le das justo en medio de las cejas, que buen tiro, de repente ya no hay más llanto solo gritos de todas las personas. A tu izquierda un hombre intenta atacarte pero con el cuchillo en tu brazo izquierdo logras enterrarlo en su mandíbula, cae al suelo estrepitosamente. Al detenerte y ver todo el color carmesí que hay en ese restaurante es cuando sientes la adrenalina fluir por todo tu cuerpo. De una manera acelerada corres hacia cualquier lado del restaurante enterrando y sacando tu cuchillo de cocina en los cuellos, espaldas, brazos y demás partes de los cuerpos de las personas allí presentes. Te detienes de nuevo, disparas una, dos, tres veces y sigues disfrutando de aquel bello momento por el que estás pasando.

Aquí vuelvo, vaya que estás pasando un gran momento, no me respondes y sigues corriendo, dañando personas y manchando sus ropas con color carmesí, las personas de la cocina se tiran al suelo al escuchar los disparos y allí permanecen, algunas personas intentan empujar la puerta que conecta la cocina con el resto del restaurante. No logran abrirla, les disparas y sigues corriendo, saltando, gritando, riendo, amando tu bello momento. Los gritos han disminuido mucho desde que empezaste y ya no llevas la cuenta del tiempo, pueden haber pasado 15 minutos, 3 horas, 2 días o 1 año desde que el mesero cayó al suelo y aun así no lo sabrías.

¿Si te estas divirtiendo? Muy pocas personas quedan aún de pie, te preguntas que estarán pensando las personas que están fuera del restaurante, tomas un ligero respiro y continúas. Sientes demasiado calor pero aun así sigues, no llevas la cuenta del número de personas a las que has dañado pero sabes que aún hay algunas que han dedicado todo tu momento a solo gritar y empujar puertas. Te asomas de nuevo al corredor y una mujer con falda se espanta horrorizada al verte, sin darte cuenta tu cuchillo de cocina ya está en su abdomen, ella exhala y te mira a los ojos, sacas el cuchillo y lo vuelves a enterrar, esta vez bajo su falda, entre sus piernas, directo a su vagina. La sangre que baja por tu muñeca después de esto es un poco más caliente que la del resto de las personas.

¡Ten cuidado, ya casi acaba! Al tiempo en que retiras tu cuchillo de cocina de la vagina de aquella mujer escuchas que finalmente han logrado abrir la puerta principal, mucha gente sale corriendo de ahí con su ropa manchada de un color carmesí, disparas a un hombre que acaba de salir. Justo en la nuca, que buen tiro, otro disparo y le das a un anciano que intenta moverse con pasos torpes, le das en la espalda y el cae al suelo, creo que ese viejo debería agradecerte pues le lograste poner fin al tormento llamado vida que él sufría.  Te devuelves y observas que ya no queda nadie dentro del restaurante, algunas personas siguen retorciéndose en aquel piso manchado, casi en su totalidad, de un color carmesí. Respiras un poco y te diriges al mesero, ya no se retuerce como antes, lo observas y entierras tu cuchillo de cocina en su cuello, esta vez lo dejas ahí y tomas otro respiro, te pones de pie y te recuestas contra una de las paredes del restaurante.

¡Ahh, mira que hermosa escena! Con tu espalda recostada contra la pared observas la escena que dejaste y el orgullo llena tu ego, pues observas un charco de sangre sobre el que descansan muchos de los ex clientes de aquel restaurante y por otro lado ves al mesero totalmente inmóvil y con una final mueca de dolor, miedo y terror en su rostro, “es perfecta” dices en voz alta. Me alegro que te haya emocionado tanto tu no tan pequeño momento. Observas el arma que robaste en tu mano derecha. Es hermosa, ¿no lo crees? A mí sí me parece. La tomas con tu mano izquierda, estiras un poco tu mano derecha y luego vuelves a tomar el arma con esta misma mano. Creo que ya deberíamos salir de aquí. Tomas el arma con firmeza y la introduces en tu boca. Espera, ¿Qué haces? No estés pensando en tirar del gatillo, no de nuevo. No, ¿Qué haces? Suéltala ya. No dispares. Vamos, reacciona. No dispares. No tires el gatillo, detente ya mismo. ¿Qué haces? Suéltala ya. No dispares. No dispares. No dispares. No disp…


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