sábado, 9 de mayo de 2020

AQUEL OLOR EXTRAÑO


AQUEL OLOR EXTRAÑO

Una mujer de unos 60 años duerme tranquilamente en su cama matrimonial, está en compañía de su esposo, el reloj de la sala dice que son las 7:15 de la mañana. Un olor bastante peculiar llega a la nariz de Rosa, ella despierta al percibirlo. Se sienta en la cama e intenta evitar la somnolencia para concentrarse en ese olor.

Se levanta, va a la cocina, a la sala, al baño, recorre su casa una y otra vez buscando la fuente de ese olor pero no logra ningún resultado. Es un aroma incomodo, desagradable, nauseabundo, repugnante, repulsivo, asqueroso, inmundo, fétido, hediondo. Al no tener éxito en su valiente empresa vuelve a la habitación, teme haberse vuelto loca y que ese solo sea un olor que ella imagina. Observa a su esposo en la cama, ya despertó y tiene los ojos abiertos.

  —¿Ricardo, sabe de dónde viene ese olor? —le dice Rosa a su esposo, más sin embargo él la observa y no dice nada, «¿es posible que no lo haya sentido? ¿Me está tomando por loca?» piensa Rosa, «tal vez su cuerpo ya está muy viejo y ha dejado de percibir olores».
  —Está bien, no me responda, viejo decrepito —grita ella mientras continua buscando.

Se agacha, huele bajo la cama, huele su ropa, su cama, sus cobijas, sus almohadas; en el baño huele el lavamanos, la ducha, las toallas pero aun así no encuentra nada. No encuentra la fuente del olor por ningún lado, se rinde y decide empezar el día. El reloj de la sala dice que son las 7:42 de la mañana. Se prepara su desayuno, enciende la televisión y pone las noticias de la mañana mientras está comiendo, sin embargo no deja de sentir malestar por el olor. Mientras desayuna va a buscar un ambientador, lo enciende y se queda con ese olor. Ahora lo que llega a su nariz es un revuelto de humo, aroma a flores y aquel desagradable olor.

«No, no me aguanto más esto», piensa para sí misma. Termina de comer lo más rápido que puede, se alista, le avisa a su esposo que ella ya debe irse porque se le hizo tarde y que se prepare su desayuno. Acto seguido sale de su casa, en la calle ya puede respirar tranquila el humo que expulsan los carros, puede que ese olor sea menos horrible que el que sintió en la mañana.

Rosa trabaja en una compañía de productos de limpieza industriales, no tiene un cargo alto pero gana lo suficiente para vivir tranquila; eso mientras logra tener los requisitos para su pensión. Día a día se levanta con la esperanza de estar más cerca de lograr su pensión mientras que en otro lugar algún hijueputa con un cargo en el gobierno se levanta día a día con el objetivo de ponerle más y más trabas a la adquisición de las pensiones por parte de los adultos mayores… pero eso es otra historia. En su trabajo tiene que venderles diversos productos a clientes, es solo la encargada de los envíos, la entrega de los mismos, etc. sin embargo no tiene idea de para qué sirven unos y otros, para ella todos hacen lo mismo aunque tengan nombres diferentes.

Al final del día vuelve a su casa, sube las escaleras hasta llegar al piso tres. Al llegar se encuentra a su vecina, la mujer del apartamento 304, ella está barriendo la entrada de su casa y al verla llegar le pregunta:

  —¿Vecina a usted también se le fue la luz? —Rosa escucha la pregunta mientras sube los últimos escalones
  —No sé mija, yo estuve todo el día trabajando.
  —Qué raro, hoy se fue casi todo el día —dice la vecina, pensativa—. Bueno, muchas gracias Doña Rosa, que descanse —no espera a que Rosa le responda y cierra su puerta.

Rosa esta en silencio, termina de abrir su puerta y el aroma de la mañana sigue ahí, solo que ahora es mucho más fuerte. Ella arquea y teme vomitar en el corredor así que entra apurada y cierra la puerta. Se recuesta contra su puerta conteniendo la respiración, saca un pañuelo de su bolsillo y empieza a respirar a través de él, lentamente se acostumbra al olor y deja de respirar a través del pañuelo. Va a su habitación, su esposo esta acostado viendo televisión.

Por la cabeza de Rosa pasan todo tipo de improperios, se pone de pie en frente del televisor y empieza a reclamarle a Ricardo. Todo el día acostado en esa puta cama, hay un olor de mierda y a él no le importa una mierda, Ricardo la observa callado, la mira con resignación y simula poder ver la televisión a través de ella. Rosa sigue gritando pero Ricardo no le responde ninguno de sus improperios. Cansada de tanto gritar lo insulta una última vez y va a la cocina; en el lavaplatos no hay loza sucia y eso le calma un poco el malgenio, al menos se dignó a lavar el plato en el que comió. Ella abre las ventanas de la sala y la cocina, se prepara algo de comida instantánea y vuelve a encender el ambientador.

Come en silencio, molesta, el ambientador no es suficiente para cubrir ese aroma tan horrible. Busca otro ambientador, consigue uno en spray y empieza a aplicarlo en el lugar donde ella está, el ambientador funciona pero su efecto dura muy poco tiempo así que debe aplicarlo varias veces mientras está comiendo. Esta molesta con su esposo así que decide no ofrecerle nada de comer «si quiere algo que lo busque el mismo», piensa mientras observa su ventana abierta. Cuando acaba de comer enciende el televisor, aplica el spray cada cierto tiempo, luego de un rato se le acaba por usarlo tantas veces, el olor sigue y hace frio así que se va a dormir. Ricardo sigue viendo televisión, ella lo ignora, apaga el televisor, Ricardo le dirige una mirada molesta, ella apaga la luz y se acuesta a su lado. Después de unos minutos de insomnio se toma dos de sus pastillas para dormir, sueña con el nacimiento de su hija.

Al día siguiente debe trabajar, la rutina se repite una vez más. Sale temprano de su casa para evitar ese olor el mayor tiempo posible, en su trabajo las cosas fluyen con normalidad. A la hora del almuerzo piensa en el sueño que tuvo y decide llamar a su hija, Alejandra se demora unos segundos en contestar el teléfono.
  —Aló, ¿mamá?
  —Hola hija, ¿cómo estás?
Conversan un rato sobre temas aleatorios, Rosa le cuenta el sueño que tuvo y Alejandra se ríe. En ese momento ella pregunta por su padre, Rosa se queja, le cuenta sobre el olor, le dice que Ricardo no ayuda en nada, que ahora todo el día se la pasa echado viendo televisión, que la ignora. Alejandra escucha, le aconseja que no le ponga cuidado,

  —No te amargues por eso má. Dejalo que al fin y al cabo él es quien sale perjudicado. Si te molesta verlo haciendo nada todo el día entonces no le digas nada, ignoralo —Rosa la escucha, en su cabeza piensa que ella ya está muy vieja para estar manteniendo a otro viejo como si fuera un niño.
  —Sí, creo que mejor me voy a la cama que está en el otro cuarto. ¿Pero y ese olor? hoy me toca llegar a hacer aseo y estoy segura que ese tipo no me va a ayudar en nada
  —Mmm, ¿te parece si hoy haces aseo y si el apartamento sigue oliendo mal yo voy el lunes que es festivo y te ayudo?
  —Bueno hija, muchas gracias ¿Qué crees que sea?
  —Ni idea má, seguro algún ratón o una tubería rota. No sé, luego me cuentas que ya debo volver al trabajo.

Se despiden y cada una vuelve a lo suyo. Rosa está más tranquila ahora, puede que el apartamento siga insoportable y que su esposo sea un mantenido pero al menos el lunes va a poder verse con su hija. Decide hacerle caso al consejo de su hija. En la noche llega a la casa, cena sola con el ambientador de humo al lado y cuando acaba decide ponerse a hacer aseo. Debajo de lavaplatos tiene algunos productos: jabón en polvo, líquido para pisos con olor a canela. No hay muchas cosas, apenas las necesarias. Con lo que tiene decide ponerse a limpiar, abre las ventanas y empieza a lavar el piso con el jabón en polvo y agua, luego decide terminar con el limpiador para pisos. El cambio en el olor es leve, Rosa está cansada y debe dormir. Antes de irse a dormir decide no ponerse a discutir con Ricardo, alista unas sábanas, se lleva su almohada y busca en su closet unas cobijas, duerme en el cuarto para invitados sin despedirse de su esposo.

Al despertar se da cuenta que la peste no se ha ido, es sábado y no debe trabajar, de todas formas se levanta temprano y sale de su casa sin desayunar. Prefiere comer en la calle con tal de evitar el olor el mayor tiempo posible. Luego de comer va a un supermercado, sabe que debe volver a asear su casa pero necesita más productos. En el supermercado compra detergente, desengrasantes, guantes, bicarbonato, pastillas de cloro, limpiadores líquidos y en polvo de varios olores, velas perfumadas, ambientadores y un delantal. En realidad estaba tan desesperada con el olor que llevo de todo un poco esperando a ver que podía funcionar.

En la tarde vuelve a su casa, al llegar todo está en silencio, Rosa asume que su esposo se fue pero no se pone a imaginar a donde para no atormentarse, en lugar de eso pone manos a la obra. Enciende unos ambientadores y velas para evitar el hedor y empieza a preparar las cosas que va a utilizar; en un balde mezcla algunos productos, se pone el delantal, los guantes y empieza a trapear la sala. En determinado momento se da cuenta que hay mucho silencio, intenta encender la radio pero se fue la luz, en ese momento recuerda la conversación con su vecina, en cualquier caso empieza a cantar mientras hace su trabajo.

Unas horas más tarde se da por vencida, todos los esfuerzos que hace no le dan resultado. Su casa ya parece un espejo pero el olor sigue igual, aún no ha terminado con todas las habitaciones y por más que intenta buscar el olor no lo encuentra y tantos productos de limpieza tampoco logran esconderlo. Enciende unas velas en su habitación y se acuesta a dormir un rato. Horas más tarde la despierta la televisión en la habitación contigua, piensa que su esposo acaba de llegar, se asoma por la rendija de la puerta y lo ve recostado en la cama viendo televisión. La mujer respira profundo, ya tiene demasiado con el olor como para volver a preocuparse por su esposo. Vuelve a su habitación dado que por las velas, los inciensos y los ambientadores el hedor es un poco más soportable que en cualquier otro lugar de la casa.

«Nada de esto funciona» piensa mientras observa el fuego de las velas bailando libremente, en ese momento desea ser fuego y ser libre, desea ser aire y poder ir a cualquier lugar que quiera… entre tantos pensamientos se queda dormida. El reloj de la sala dice que son las 10:42 de la noche, las velas terminan de consumirse, la televisión al lado sigue encendida y Rosa despierta por el olor, no está dispuesta a perder sueño por soportar ni al hedor ni a su esposo así que toma dos de sus pastillas para dormir y rápidamente vuelve a los brazos de Morfeo.

El domingo despierta cansada, soportar tanto tiempo el olor le hace doler la cabeza. Dado que los productos de limpieza no funcionaron se le ocurre otra cosa que puede hacer. Sale de su casa temprano y se dirige a su trabajo, ella no trabaja los fines de semana y afortunadamente los demás empleados tampoco.

  —Doña Rosa, ¿y ese milagro de verla hoy por estos lares? —pregunta Don Héctor, el celador de la empresa mientras le abre la puerta de la entrada.
  —Hola Hecticor, uno que es aficionado al trabajo —le dice bromeando y ambos ríen.

Rosa sube las escaleras, va a la bodega en donde guardan todos los productos y toma una caja que se encuentra en el camino. En la bodega encuentra todos los productos que vende su empresa, algunos nombres ni parecen tener sentido, de cualquier forma empieza a leer los nombres de cada uno; Adybac, Aldiben, Aseptil, Halamid, Fungibac, Clorbac, Dinan, Maliv, Orbival, Proder, For Chlor, Higiquat, Proquimia, Quimidex, Deobact, Deosol, Asepcol, Halonet, Asepclor, Asepgel, Clinic B75, Tecnigien, Taski, Sani, Triforce Sprint, Sucitesa, Aquagen, Sanix, Thomil, Bionet… En ese momento se siente frustrada, trabaja con esos productos casi a diario, es la encargada de la distribución de los mismos pero aun así ninguno de esos nombres le dicen a ella nada sobre su uso. Sin pensarlo mucho agarra un tarro de esto, uno de aquello, un sobre de este, otro de aquel otro y sin saber bien que es lo que lleva decide guardarlo en la caja y salir de la bodega con la caja llena.

  —Uy mi doña, para donde va con todo eso? —Le pregunta Héctor al verla salir con la caja llena
  —Unas entregas para un cliente, no las pude enviar el viernes y están que me acosan para que las entregue —miente ella. Esta nerviosa y le preocupa que Héctor sospeche que en realidad los está robando.
  —Jajaja hay clientes que joden como por mil, ¿no? —Le dice Héctor con una sonrisa en el rostro— El otro día vino uno que quería que lo dejara pasar sin registrarse, al final se cansó y se fue jajaja ¿Cómo la ve?
  —Ya, me imagino —dice Rosa aliviada de que Héctor no le hiciera más preguntas—. Chao Hecticor, luego hablamos que ahorita voy de afán. —Seguido a esto, Rosa se va sin esperar respuesta.

En el taxi no le preguntan nada por su caja, al llegar a su conjunto tampoco. Solo su vecina del 304 al verla subir le pregunta por el olor y por la caja. Rosa ahí le cuenta que ya lleva un par de días lidiando con ese olor pero que no lo ha podido sacar de ninguna forma

  —De hecho fui a comprar estas cosas a ver si así lo logro sacar —dice Rosa dejando la caja en el piso.
  —A una amiga una vez le paso lo mismo, nada que sacaba ese bendito olor de ninguna forma. Resulta que unos días antes se había muerto un ratón detrás de su nevera, ahí empezó un olor horrible. Por poco y le toca trastearse
  —¿Y que hizo ella?
  —Lavó todo varias veces, encontró al ratón, lo botó y lavó todo con cloro. Ella me contó que después empezó a ver manchas en la nevera ¿y sabe qué hizo? Agarro unas góticas de removedor de esmalte para uñas, bicarbonato y un algodón. Santo remedio, eso le quito las manchas de la cocina.
  —Yo creo que me va a tocar hacer lo mismo. Ya estoy mamada de lavar y lavar y que la casa me siga oliendo tan mal, además… —En ese momento la interrumpió su vecina, se despidió rápido porque se le estaba quemando la comida, de nuevo la vecina no espero respuesta y cerró la puerta luego de despedirse de Rosa.

Dentro del apartamento todo está en silencio y el olor sigue igual, tal vez está peor pero ya ni se nota la diferencia. De nuevo, abre las ventanas, enciende los ambientadores y decide hacerle caso a su vecina. Mueve los muebles de la sala y no encuentra nada, revisa detrás de la estufa, detrás de la nevera, detrás de la lavadora y tampoco encuentra nada. El reloj de la sala dice que es la 1:12 de la tarde.

Rosa decide que primero va a asear antes de comer algo, desayunó por la calle y puede esperar un par de horas para comer, decidido esto trae el balde que había utilizado antes, se pone su delantal y sus guantes, de nuevo no hay luz así que debe trabajar en silencio. Toma el balde vacío y lo pone ante sus pies, observa la caja que tiene a la derecha con todos los productos, una cosquilla recorre su cuerpo y sin pensarlo mucho empieza a verter los productos en el balde.

Lo hace uno por uno y procura poner la misma cantidad de todos, los vapores empiezan a ascender y le irritan los ojos, puede que sea el precio que pagar para eliminar ese molesto olor. Después de mezclar un par de productos necesita tomar aire, se acerca a la ventana y respira profundamente varias veces, esta agitada y tiene dificultades para respirar. En eso recuerda el consejo de su vecina y piensa que si pone todos los ingredientes en la misma mezcla no deba volver a asear después. Va por el cloro, el bicarbonato y el removedor de esmalte.

Agrega esas últimas tres cosas en la medida que le parece conveniente, los vapores son más fuertes ahora y le dan una sensación de hormigueo en la nariz, un par de lágrimas se escapan de sus ojos. «Puede que se me pase después» piensa ella mientras va por el resto de productos de la caja y los termina de agregar todos. Se siente mareada, observa el líquido de su balde; tiene un color consistente y del fondo salen algunas burbujas. Ella se acerca para levantarlo pero los vapores son demasiado fuertes, retrocede unos pasos mientras tose violentamente. En este punto lo que llega a su nariz es un revuelto de químicos y productos industriales, no siente el olor del que intentaba deshacerse y eso la emociona, puede que su idea funcione.

Va por el trapero y lo sumerge en el balde, termina revolviendo los químicos y al mismo tiempo generando más vapor. El mareo, la tos y la dificultad para respirar la desorientan, sus ojos están tan irritados que ya no puede ver nada, necesita aire y camina a tientas buscando la ventana, por accidente patea el balde regando todo el líquido en el lugar donde ella está. Intenta dar unos pasos más pero resbala y cae al suelo sobre el líquido que acaba de derramar. El olor es tan fuerte que termina por hacerla convulsionar, unos minutos más tarde muere intoxicada por inhalar durante tanto tiempo el veneno que ella misma creó. Una mueca de dolor y angustia es lo último que logra expresar su rostro.

En la noche regresa la luz y el televisor se enciende automáticamente, se queda toda la noche encendido. Al día siguiente la vecina del 304 golpea la puerta del apartamento de Rosa, está enojada porque el ruido del televisor no la dejó dormir. Golpea varias veces; los golpes son cada vez más violentos y al no tener respuesta empieza a preocuparse, decide llamar a la policía. El reloj de la sala dice que son las 7:15 de la mañana.

Los policías deben forzar la puerta para poder entrar, cuando logran abrir la puerta, se cubren la nariz y retroceden un poco por el olor del apartamento. La ventana abierta durante toda la noche logró dispersar la mayoría de los químicos pero aún se siente el olor del que Rosa intento deshacerse. Al entrar descubren el cuerpo inerte de la mujer, uno de los policías va a la habitación de donde viene el ruido del televisor, abre la puerta y un escalofrío recorre el cuerpo del uniformado al sentirse observado. Ricardo tiene los ojos abiertos y ya es evidente el estado de descomposición de su cadáver.


FIN

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