lunes, 23 de septiembre de 2019

Y CON HOY, HUBIERAN SIDO TRES...


Y CON HOY, HUBIERAN SIDO TRES…

“(...) Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.
La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.
De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.
Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.”
        Poema XX, Pablo Neruda.

Mariana entra con pasos lentos a su conjunto residencial, el portero la saluda con ánimo, ella le corresponde el saludo con una sonrisa bastante triste, el hombre entiende la situación y guarda silencio. Mariana camina algunos metros en dirección a su casa, siempre con la mirada hacia el suelo. Espera no encontrarse con nadie para no tener que sacar su lado social y al mismo tiempo evitar una sonrisa hipócrita seguida de una charla llena de desinterés en la vida de la otra persona.

Al llegar a la puerta, busca sin ganas las llaves de su apartamento, al encontrarlas introduce la llave en la cerradura utilizando las mismas ganas que tenia de buscarlas. La puerta se abre dejando escapar un leve chirrido metálico. La mujer atraviesa el umbral y observa el interior, todo el lugar esta desordenado, muchas cosas empacadas en cajas y otras tantas siguen sin ser empacadas y solamente están dedicadas a almacenar polvo. Da un suspiro cargado de resignación y cierra la puerta, un instante después de cerrar la puerta, Mariana echa de nuevo un vistazo a su apartamento y en ese momento se deshace en lágrimas.

Sus rodillas tocan el suelo con un golpe sordo, dos delicadas manos cubren su rostro y sus ojos lentamente empiezan a derretirse en lágrimas, se le dificulta respirar profundamente pero realmente eso no importa. La mujer está arrodillada en el suelo llorando de manera desconsolada, no hay abrazo que la consuele ni palabras de aliento que sus oídos no hayan escuchado pero lastimosamente, todo efecto ha sido nulo, tal y como lo demuestra ahora. Llora por unos minutos sin lograr detenerse, su vecina escucha todo a través de la pared y solamente siente lástima por ella, no es la primera vez que la escucha llorar pero tampoco será la última, con el corazón lleno de empatía decide subirle el volumen a su televisor, los lloriqueos de Mariana interrumpen su novela.

Sacando fuerzas de donde no tiene, Mariana se levanta del suelo, se seca las lágrimas y avanza unos pasos hacia las habitaciones. Al entrar en su habitación los recuerdos invaden su mente, de nuevo se derrumba y vuelve a llorar, esta vez se lanza sobre la cama y llora con más fuerza. Intenta ser fuerte de nuevo e inhala una profunda bocanada de aire, estando sobre su cama percibe el olor de Alejandro, su almohada aún tiene su olor y se puede decir que la cama todavía conserva la forma del cuerpo que por muchas lunas evito que la soledad carcomiera la vida de Mariana. Las lágrimas continúan brotando de manera casi desesperada y sin notarlo, aquella mujer termina reposando sobre los sólidos brazos de Morfeo, hijo de Hipnos y Nix.

Mientras atraviesa el impredecible mundo onírico, se encuentra con Alejandro. Después de tantos años juntos es imposible decir si se trata de un recuerdo o solo imaginación de Mariana; sus manos se entrelazan, sus cuerpos se ponen de acuerdo en seguir el mismo ritmo y empiezan a bailar aquella canción que tanto les gustaba a ambos. Desde la oscuridad un hombre cantaba “Strangers in the night / exchanging glances / Wond'ring in the night / what were the chances / We'd be sharing love / before the night was through”, la figura de la feliz pareja destacaba y daba la impresión de que estaban destinados a estar juntos por siempre… pero la realidad nunca es como la deseamos.

Pasadas unas horas Mariana abre sus ojos, toda la habitación esta en completa oscuridad, observa la ventana y nota que ya es de noche. Suspira y piensa que es otra noche sin Alejandro, se pregunta si el aun la quiere, se sienta en la cama y empieza a pensar en voz alta: “me pregunto si lloraste cuando tomaste la decisión de irte, me pregunto si me extrañas, me pregunto si te arrepientes, me pregunto si piensas en mí, me pregunto si crees que debiste tomar tu decisión mucho antes, me pregunto si me odias, si me odiaste, me pregunto si piensas volver algún día, me pregunto si ahora te sientes libre, me pregunto sobre lo que estarás pensando, me pregunto sobre lo que estas sintiendo, me pregunto si te sientes tranquilo, me pregunto si estas negando la culpa o si sencillamente no la tienes, me pregunto si pensaste en cómo me siento, me pregunto cómo me siento yo, me pregunto qué es lo que quiero, me pregunto muchas cosas y a todas le tengo la misma respuesta… sencillamente no lo sé”. Desde su interior empieza a sentir que las lágrimas claman por salir, se desesperan encerradas y buscan escapar todas al tiempo, cierra los ojos con fuerza y en ese momento se da cuenta que está pensando en todo menos en su hijo.

Se levanta de la cama y se dirige a la habitación donde solía dormir Francisco, o Franci de cariño. En su habitación todo esta tal y como lo dejó antes, todo excepto con una diferencia; ella tendió la cama, su hijo no lo hizo el día que Alejandro se lo llevó. En ese momento de nuevo vuelve a llorar y empieza a maldecir a Alejandro por haberse llevado a su hijo, de tenerlo con ella en ese momento aquel inocente niño estaría abrazándola, le acariciaría el cabello y le diría en el oído “No llores mami, yo estoy contigo”. Mariana rompe en llanto de nuevo, se sienta en la cama de su hijo y sosteniendo a aquel oso panda que a Franci tanto le gustaba, cubre su rostro y se desborda en lágrimas una vez más. Un rato después logra calmarse y al observar el peluche nota que tiene marcas de humedad por las lágrimas que Mariana le compartió, la mirada de aquel osito observa a Mariana con mas empatía que la que tuvieron las personas con las que compartió su historia.

El apartamento de Mariana era simple, tenía tres habitaciones, dos baños y los demás espacios que tiene todo hogar. Una de las habitaciones era la de ella y Alejandro, otra la de Franci y la última habitación era el estudio de Alejandro. Ahí tenía sus instrumentos, partituras, tablaturas y demás cosas de músicos. Al parecer la familia tenía planes de mudarse, empacaban todas las cosas en cajas y las dejaban listas para que quién sabe quién, se las llevara. Llevaban algunos días en esa tarea, algunos días avanzaban más que otros pero desde que Alejandro se fue con Franci fue responsabilidad de Mariana terminar tal tarea.

Ella se demoraba más de la cuenta, no porque tuviera que hacerlo sola sino porque la mayor parte del tiempo estaba llorando pero es entendible, sus dos amores la habían abandonado y ella estaba desesperada sin saber qué hacer. No podía contactarlos, tampoco podía hablarles y desde que ellos se habían ido ella no pudo volver a decirles nada. Deseaba cambiar lo sucedido, deseaba no haber dicho las cosas que dijo, se maldecía a si misma por dejarse llevar por el calor del momento y no haber pensado las cosas antes de decirlas. Teniendo eso en cuenta, de cierto modo era entendible entender por qué Alejandro decidió irse con Franci.

La mudanza era algo que debía terminar, se decía a si misma que si su familia regresaba les alegraría encontrar todo listo para irse pero aunque su corazón deseaba que volvieran, su cabeza le decía que eso no sucedería. De cualquier forma, necesitaba terminar todo de una vez por todas. En la sala ya tenía todo listo, faltaban algunas cosas en las habitaciones y pasó toda la noche arreglando lo demás.

Era bastante difícil estar organizando todo y no llorar por los recuerdos que eso conllevaba. En el estudio de Alejandro empacar los instrumentos en sus fundas le recordaba la noche en que se conocieron: Mariana no solía ir a conciertos de música clásica pero una de sus amigas le había pedido que la acompañara, estando allá notó que un muchacho la miraba constantemente, al finalizar el concierto el muchacho se presentó. Hablaron hasta que la luna en su punto más alto se cansó de observarlos y decidido esconderse tras una nube, meses más adelante decidieron empezar algo con la esperanza que no tuviera final.

Dentro de uno de los baños encontró su anillo de matrimonio, eso le recordó el que pensaba seria el día más feliz de su vida hasta que el nacimiento de su único hijo se consolidó como lo mejor que le había sucedido. En la habitación de Franci habían muchas cosas relacionadas al día en que nació el pequeño: Alejandro había salido tarde del conservatorio y Mariana daba luz en el hospital, un trancón hizo que Alejandro viviera un infierno por el miedo de no llegar a tiempo. Estando en el taxi que lo llevaría de camino al hospital tomó la decisión de pagarle al taxista para que llevara su violín a una dirección específica, él se bajó del taxi y corrió tan rápido como pudo con dirección al hospital. Al llegar, una mujer despeinada y desesperada por el dolor del parto observó a un muchacho sudando, sin aliento y con una sonrisa llena de esperanza en su rostro. Ese probablemente había sido el día más feliz de sus vidas, al llegar a casa Alejandro recibió el violín que le había pedido al taxista que le entregara a su portero. Dentro de su hogar empezó a tocar las melodías más hermosas que conocía, así descubrió que las suaves notas que su violín exhalaba, lograban arrullar a su hijo cuando no lograba conciliar el sueño.

Toda la noche aquella mujer estuvo arreglando todo y empacando todas las cosas, era complicado concentrarse en lo que hacía y al mismo tiempo evitar que los recuerdos la atacaran y la golpearan de tal forma que la hacían llorar. Encontrar una foto de los tres le daba un golpe en el estómago, recoger algún recuerdo de un viaje la golpeaba en las costillas, hallar la ropa de su hijo la atacaba por la espalda y la hacía caer, hallar detrás de su mesita de noche una de las cartas que su hijo o esposo le escribieron le golpeaba el pecho y le hacía sangrar el alma, descubrir uno de los libros que le leían a su hijo antes de dormir le golpeaba las rodillas y le hacía perder el equilibrio. Mariana no tenía ninguna manera de contraatacar, sus lágrimas solo reflejaban en mayor o menor medida el daño y la fuerza de los recuerdos. Intentaba responder a los golpes con otros recuerdos pero todos los golpes, incluso los propios, los terminaba recibiendo ella misma.

Cuando estaba cerca de terminar, sus ojos estaban más podridos a comparación de como inició, su cuerpo no resistía mas y necesitaba tomar mucha agua, sus lágrimas se habían acabado al iniciar el cuarto round. Antes de rendirse, el pasado sacó el as bajo la manga y de manera sucia decidió rematar a aquella madre con la culpa y el arrepentimiento. Por momentos ella se detenía a mitad de camino, dejaba las cosas que tenía en las manos y se sentaba en el suelo, hundía la cabeza entre sus manos y empezaba a repetirse que desearía haber hecho las cosas de una manera diferente, haberlas hecho mejor, aquella noche Alejandro y Franci se habían ido enojados porque ella los había tratado realmente mal, solo unas horas después se dio cuenta de su error pero al intentar contactarlos no logró recibir respuesta, comprendía la gravedad de sus actos y seguramente entendería si su propia familia decidiera odiarla.

El sol salió a las seis de la mañana, los calendarios señalaban un nuevo día: lunes 23 de septiembre de 2019. Mariana sabía lo que significaba, era su aniversario y para ese momento ya habían pasado 5 meses, 1 semana y 2 días desde la última vez que vio a Alejandro y a Francisco.

Cuando todo estuvo listo, la mujer hace unas llamadas a la inmobiliaria del apartamento y lee una última vez un recorte de periódico que guardaba con recelo en un cajón de un mueble. Mientras lo lee, unas tiernas lágrimas se deslizan por sus pálidas mejillas una vez más, las lágrimas atraviesan un camino que conocen por instinto y que las mejillas están acostumbradas a que esas pequeñas y saladas góticas de agua recorran tan constantemente. Lleva una de las sillas del comedor a la mitad de la sala, se sube sobre ella y unos instantes después la silla cae, los pies de Mariana se suspenden sobre el aire y lentamente como agujas de brújula sus pies empiezan a girar hacia la derecha: Norte, Noreste, Este, Sureste, Sur y luego con las misma calma empiezan a girar hacia la izquierda: Sureste, Este, Noreste, Norte… de la mano de Mariana cae al piso el recorte del periódico.

Unas horas más tarde alguien de la inmobiliaria viene al apartamento, la puerta estaba sin seguro y al entrar se encuentra con el cadáver de Mariana. Más que asombrarse se alegra; ¡La mujer había dejado todo completamente organizado! Entra con propiedad al lugar y después de unas llamadas de rutina con motivo del cuerpo que flota en la mitad de la sala decide ver el resto del apartamento, de camino a una de las habitaciones y sin fijarse, pisa un recorte de periódico que está en el suelo:

El Informante, 15 de abril de 2019. En la noche del día de ayer ocurrió un múltiple accidente en el kilómetro 18 en la salida Norte de la ciudad. Un automóvil chocó contra un poste de la luz para luego ser estrellado frontalmente por una camioneta que no logró frenar a tiempo. Presumiblemente las lluvias impidieron que las llantas de los vehículos lograran frenar correctamente, se estiman perdidas monetarias de hasta 250 millones, el accidente ocasionó que la camioneta tuviera daños en el frente y el automóvil haya quedado completamente destruido. El alcalde se pronunció en la mañana lamentando los daños pero asegurando que el poste de luz será reemplazado en menos de tres días, la aseguradora de la camioneta asumió todos los gastos en cuanto a la reparación de la misma, del otro vehículo no se tiene mayor información. Dos personas murieron, a raíz del accidente se generó un trancón vehicular de casi dos horas.”


Fin.